Del sentimiento trágico de la vida -Ttragic Sense of Life >





Miguel de Unamuno

Del sentimiento trágico de la vida



--I-- EL HOMBRE DE CARNE Y HUESO

 I. THE MAN OF FLESH AND BONE

Homo sum: nihil humani a me alienum puto, dijo el cómico latino. Y yo diría más bien, nullum hominem a me alienum puto; soy hombre, a ningún otro hombre estimo extraño. Porque el adjetivo humanusme es tan sospechoso como su susantivo abstracto humanitas, la humanidad. Ni lo humano ni la humanidad, ni el adjetivo simple, ni el sustantivado, sino el susantivo concreto: el hombre. El hombre de carne y hueso, el que nace, sufre y muere -sobre todo muere-, el que come y bebe y juega y duerme y piensa y quiere, el hombre que se ve y a quien se oye, el hermano, el verdadero hermano.

Homo sum; nihil humani a me alienum puto , said the Latin playwright. And I would rather say, Nullum hominem a me alienum puto: I am a man; no other man do I deem a stranger. For to me the adjective humanus is no less suspect than its abstract substantive humanitas, humanity. Neither "the human" nor "humanity, " neither the simple adjective nor the substantivized adjective, but the concrete substantive—man. The man of flesh and bone; the man who is born, suffers, and dies—above all, who dies; the man who eats and drinks and plays and sleeps and thinks and wills; the man who is seen and heard; the brother, the real brother.

Porque hay otra cosa, que llaman también hombre, y es el sujeto de no pocas divagaciones más o menos científicas. Y es el bípedo implume de la leyenda, el ζωον πολιτικον de Aristóteles, el contratante social de Rousseau, el homo oeconomicus de los manchesterianos, el homo sapiens de Linneo o, si se quiere, el mamífero vertical. Un hombre que no es de aquí o de allí ni de esta época o de la otra, que no tiene ni sexo ni patria, una idea, en fin. Es decir, un no hombre.

For there is another thing which is also called man, and he is the subject of not a few lucubrations, more or less scientific. He is the legendary featherless biped, the ζωον πολιτικον of Aristotle, the social contractor of Rousseau, the homo economicus of the Manchester school, the homo sapiens of Linnæus, or, if you like, the vertical mammal. A man neither of here nor there, neither of this age nor of another, who has neither sex nor country, who is, in brief, merely an idea. That is to say, a no-man.

El nuestro es otro, el de carne y hueso; yo, tú, lector mío; aquel otro de más allá, cuantos pensamos sobre la Tierra.

The man we have to do with is the man of flesh and bone—I, you, reader of mine, the other man yonder, all of us who walk solidly on the earth.

Y este hombre concreto, de carne y hueso, es el sujeto y el supremo objeto a la vez de toda filosofía, quiéranlo o no ciertos sedicentes filósofos.

And this concrete man, this man of flesh and bone, is at once the subject and the supreme object of all philosophy, whether certain self-styled philosophers like it or not.

En las más de las historias de la filosofía que conozco se nos presenta a los sistemas como originándose los unos de los otros, y sus autores, los filósofos, apenas aparecen sino como meros pretextos. La íntima biografía de los filósofos, de los hombres que filosofaron, ocupa un lugar secundario. Y es ella, sin embargo, esa íntima biografía la que más cosas nos explica.

In most of the histories of philosophy that I know, philosophic systems are presented to us as if growing out of one another spontaneously, and their authors, the philosophers, appear only as mere pretexts. The inner biography of the philosophers, of the men who philosophized, occupies a secondary place. And yet it is precisely this inner biography that explains for us most things.

Cúmplenos decir, ante todo, que la filosofía se acuesta más a la poesía que no a la ciencia. Cuantos sistemas filosóficos se han fraguado como suprema concinación de los resultados finales de las ciencias particulares, en un período cualquiera, han tenido mucha menos consistencia y menos vida que aquellos otros que representaban el anhelo integral del espíritu de su autor.

It behoves us to say, before all, that philosophy lies closer to poetry than to science. All philosophic systems which have been constructed as a supreme concord of the final results of the individual sciences have in every age possessed much less consistency and life than those which expressed the integral spiritual yearning of their authors.

Y es que las ciencias, importándonos tanto y siendo indispensables para nuestra vida y nuestro pensamiento, nos son, en cierto sentido, más extrañas que la filosofía. Cumplen un fin más objetivo, es decir, más fuera de nosotros. Son, en el fondo, cosa de economía. Un nuevo descubrimiento científico, de los que llamamos teóricos, es como un descubrimiento mecánico; el de la máquina de vapor, el teléfono, el fonógrafo, el aeroplano, una cosa que sirve para algo. Así, el teléfono puede servirnos para comunicarnos a distancia con la mujer amada. ¿Pero esta para qué nos sirve? Toma uno el tranvía eléctrico para ir a oír una ópera; y se pregunta: ¿cuál es, en este caso, más útil, el tranvía o la ópera?

And, though they concern us so greatly, and are, indeed, indispensable for our life and thought, the sciences are in a certain sense more foreign to us than philosophy. They fulfil a more objective end—that is to say, an end more external to ourselves. They are fundamentally a matter of economics. A new scientific discovery, of the kind called theoretical, is, like a mechanical discovery—that of the steam-engine, the telephone, the phonograph, or the aeroplane—a thing which is useful for something else. Thus the telephone may be useful to us in enabling us to communicate at a distance with the woman we love. But she, wherefore is she useful to us? A man takes an electric tram to go to hear an opera, and asks himself, Which, in this case, is the more useful, the tram or the opera?

La filosofía responde a la necesidad de formarnos una concepción unitaria y total del mundo y de la vida, y como consecuencia de esa concepción, un sentimiento que engendre una actitud íntima y hasta una acción. Pero resulta que ese sentimiento, en vez de ser consecuencia de aquella concepción, es causa de ella. Nuestra filosofía, esto es, nuestro modo de comprender o de no comprender el mundo y la vida, brota de nuestro sentimiento respecto a la vida misma. Y esta, como todo lo afectivo, tiene raíces subconscientes, inconscientes tal vez.

Philosophy answers to our need of forming a complete and unitary conception of the world and of life, and as a result of this conception, a feeling which gives birth to an inward attitude and even to outward action. But the fact is that this feeling, instead of being a consequence of this conception, is the cause of it. Our philosophy—that is, our mode of understanding or not understanding the world and life—springs from our feeling towards life itself. And life, like everything affective, has roots in subconsciousness, perhaps in unconsciousness.

No suelen ser nuestras ideas las que nos hacen optimistas o pesimistas, sino que es nuestro optimismo o nuestro pesimismo, de origen filosófico o patológico quizá, tanto el uno como el otro, el que hace nuestras ideas.

It is not usually our ideas that make us optimists or pessimists, but it is our optimism or our pessimism, of physiological or perhaps pathological origin, as much the one as the other, that makes our ideas.

El hombre, dicen, es un animal racional. No sé por qué no se haya dicho que es un animal afectivo o sentimental. Y acaso lo que de los demás animales le diferencia sea más el sentimiento que no la razón. Más veces he visto razonar a un gato que no reír o llorar. Acaso llore o ría por dentro, pero por dentro acaso también el cangrejo resuelva ecuaciones de segundo grado.

Man is said to be a reasoning animal. I do not know why he has not been defined as an affective or feeling animal. Perhaps that which differentiates him from other animals is feeling rather than reason. More often I have seen a cat reason than laugh or weep. Perhaps it weeps or laughs inwardly—but then perhaps, also inwardly, the crab resolves equations of the second degree.

Y así, lo que en un filósofo nos debe más importar es el hombre.

And thus, in a philosopher, what must needs most concern us is the man.

Tomad a Kant, al hombre Manuel Kant, que nació y vivió en Koenigsberg, a forales del siglo xviII y hasta pisar los umbrales del XIX. Hay en la filosofía de este hombre Kant, hombre de corazón y de cabeza, es decir, hombre, un significativo salto, como habría dicho Kierkegaard, otro hombre -¡y tan hombre!-, el salto de la Crítica de la razón pura a la Crítica de la razón práctica. Reconstruye en esta, digan lo que quieran los que no ven al hombre, lo que en aquella abatió, después de haber examinado y pulverizado con su análisis las tradicionales pruebas de la existencia de Dios, del Dios aristotélico, que es el Dios que corresponde al ζωον πολιτικον; del Dios abstracto, del primer motor inmóvil, vuelve a reconstruir a Dios, pero al Dios de la conciencia, al autor del orden moral, al Dios luterano, en fin. Ese salto de Kant está ya en germen en la noción luterana de la fe.

Take Kant, the man Immanuel Kant, who was born and lived at Königsberg, in the latter part of the eighteenth century and the beginning of the nineteenth. In the philosophy of this man Kant, a man of heart and head—that is to say, a man—there is a significant somersault, as Kierkegaard, another man—and what a man!—would have said, the somersault from the Critique of Pure Reasonto the Critique of Practical Reason. He reconstructs in the latter what he destroyed in the former, in spite of what those may say who do not see the man himself. After having examined and pulverized with his analysis the traditional proofs of the existence of God, of the Aristotelian God, who is the God corresponding to the ζωον πολιτικον, the abstract God, the unmoved prime Mover, he reconstructs God anew; but the God of the conscience, the Author of the moral order—the Lutheran God, in short. This transition of Kant exists already in embryo in the Lutheran notion of faith.

El un Dios, el Dios racional, es la proyección al infinito de fuera del hombre por definición, es decir, del hombre abstracto, el hombre no hombre, y el otro Dios, el Dios sentimental o volitivo, es la proyección al infinito de dentro del hombre por vida, del hombre concreto, de carne y hueso.

The first God, the rational God, is the projection to the outward infinite of man as he is by definition—that is to say, of the abstract man, of the man no-man; the other God, the God of feeling and volition, is the projection to the inward infinite of man as he is by life, of the concrete man, the man of flesh and bone.

Kant reconstruyó con el corazón lo que con la cabeza había abatido. Y es que sabemos, por testimonio de los que le conocieron y por testimonio propio, en sus cartas y manifestaciones privadas, que el hombre Kant, el solterón un sí es no es egoísta, que profesó filosofía en Koenigsberg a fines del siglo de la Enciclopedia y de la diosa Razón, era un hombre muy preocupado del problema. Quiero decir del único verdadero problema vital, del que más a las entrañas nos llega, del problema de nuestro destino individual y personal, de la inmortalidad del alma. El hombre Kant no se resignaba a morir del todo. Y porque no se resignaba a morir del todo, dio el salto aquel, el salto inmortal de una a otra crítica.

Kant reconstructed with the heart that which with the head he had overthrown. And we know, from the testimony of those who knew him and from his testimony in his letters and private declarations, that the man Kant, the more or less selfish old bachelor who professed philosophy at Königsberg at the end of the century of the Encyclopedia and the goddess of Reason, was a man much preoccupied with the problem—I mean with the only real vital problem, the problem that strikes at the very root of our being, the problem of our individual and personal destiny, of the immortality of the soul. The man Kant was not resigned to die utterly. And because he was not resigned to die utterly he made that leap, that immortal somersault, from the one Critique to the other.

Quien lea con atención y sin anteojeras la Crítica de la razón práctica, verá que, en rigor, se deduce en ella la existencia de Dios de la inmortalidad del alma, y no esta de aquella. El imperativo categórico nos lleva a un postulado moral que exige a su vez, en el orden teológico, o más bien escatológico, la inmortalidad del alma, y para sustentar esta inmortalidad aparece Dios. Todo lo demás es escamoteo de profesional de la filosofía.

Whosoever reads the Critique of Practical Reasoncarefully and without blinkers will see that, in strict fact, the existence of God is therein deduced from the immortality of the soul, and not the immortality of the soul from the existence of God. The categorical imperative leads us to a moral postulate which necessitates in its turn, in the teleological or rather eschatological order, the immortality of the soul, and in order to sustain this immortality God is introduced. All the rest is the jugglery of the professional of philosophy.

El hombre Kant sintió la moral como base de la escatología, pero el profesor de la filosofía invirtió los términos. Ya dijo no sé dónde otro profesor, el profesor y hombre Guillermo James, que Dios para la generalidad de los hombres es el productor de inmortalidad. Sí, para la generalidad de los hombres, incluyendo al hombre Kant, al hombre James y al hombre que traza estas líneas, que esás, lector, leyendo.

The man Kant felt that morality was the basis of eschatology, but the professor of philosophy inverted the terms. Another professor, the professor and man William James, has somewhere said that for the generality of men God is the provider of immortality. Yes, for the generality of men, including the man Kant, the man James, and the man who writes these lines which you, reader, are reading.

Un día, hablando con un campesino, le propuse la hipótesis de que hubiese, en efecto, un Dios que rige cielo y tierra, Conciencia del Universo, pero que no por eso sea el alma de cada hombre inmortal en el sentido tradicional y concreto. Y me respondió: «Entonces, ¿para qué Dios?» Y así se respondían en el recóndito foro de su conciencia el hombre Kant y el hombre James. Sólo que al actuar como profesores tenían que justificar racionalmente esa actitud tan poco racional. Lo que no quiere decir, claro está, que sea absurda.

Talking to a peasant one day, I proposed to him the hypothesis that there might indeed be a God who governs heaven and earth, a Consciousness of the Universe, but that for all that the soul of every man may not be immortal in the traditional and concrete sense. He replied: "Then wherefore God?" So answered, in the secret tribunal of their consciousness, the man Kant and the man James. Only in their capacity as professors they were compelled to justify rationally an attitude in itself so little rational. Which does not mean, of course, that the attitude is absurd.

Hegel hizo célebre su aforismo de que todo lo racional es real y todo lo real racional; pero somos muchos los que, no convencidos por Hegel, seguimos creyendo que lo real, lo realmente real, es irracional; que la razón construye sobre las irracionalidades. Hegel, gran definidor, pretendió reconstruir el universo con definiciones, como aquel sargento de artillería decía que se construyeran los cañones: tomando un agujero y recubriéndolo de hierro.

Hegel made famous his aphorism that all the rational is real and all the real rational; but there are many of us who, unconvinced by Hegel, continue to believe that the real, the really real, is irrational, that reason builds upon irrationalities. Hegel, a great framer of definitions, attempted with definitions to reconstruct the universe, like that artillery sergeant who said that cannon were made by taking a hole and enclosing it with steel.

Otro hombre, el hombre José Butler, obispo anglicano, qué vivió a principios del siglo xvni, y de quien dice el cardenal católico Newman que es el hombre más grande de la Iglesia anglicana, al foral del capítulo primero de su gran obra sobre la analogía de la religión (The Analogy of Religion), capítulo que trata de la vida futura, escribió esas pequeñas palabras: «Esta credibilidad en una vida fuura, sobre lo que tanto aquí se ha insistido, por poco que satisfaga nuestra curiosidad, parece responder a los propósitos todos de la religión tanto como respondería una prueba demostrativa. En realidad, una prueba, aun demostrativa, de una vida futura, no sería una prueba de religión. Porque el que hayamos de vivir después de la muerte es cosa que se compadece tan bien con el ateísmo, y que puede ser por este tan tomada en cuenta como el que ahora estamos vivos, y nada puede ser, por lo tanto, más absurdo que argüir del ateísmo que no puede haber estado futuro. »

Another man, the man Joseph Butler, the Anglican bishop who lived at the beginning of the eighteenth century and whom Cardinal Newman declared to be the greatest man in the Anglican Church, wrote, at the conclusion of the first chapter of his great work, The Analogy of Religion, the chapter which treats of a future life, these pregnant words: "This credibility of a future life, which has been here insisted upon, how little soever it may satisfy our curiosity, seems to answer all the purposes of religion, in like manner as a demonstrative proof would. Indeed a proof, even a demonstrative one, of a future life, would not be a proof of religion. For, that we are to live hereafter, is just as reconcilable with the scheme of atheism, and as well to be accounted for by it, as that we are now alive is: and therefore nothing can be more absurd than to argue from that scheme that there can be no future state. "

El hombre Butler, cuyas obras acaso conociera el hombre Kant, quería salvar la fe en la inmortalidad del alma, y para ello la hizo independiente de la fe en Dios. El capítulo primero de su Antología trata, como os digo, de la vida futura, y el segundo del gobierno de Dios por premios y castigos. Y es que, en el fondo, el buen obispo anglicano deduce la existencia de Dios de la inmortalidad del alma. Y como el buen obispo anglicano partió de aquí, no tuvo que dar el salto que a fines de su mismo siglo tuvo que dar el buen filósofo luterano. Era un hombre el obispo Butler, y era otro hombre el profesor Kant.

The man Butler, whose works were perhaps known to the man Kant, wished to save the belief in the immortality of the soul, and with this object he made it independent of belief in God. The first chapter of hisAnalogy treats, as I have said, of the future life, and the second of the government of God by rewards and punishments. And the fact is that, fundamentally, the good Anglican bishop deduces the existence of God from the immortality of the soul. And as this deduction was the good Anglican bishop's starting-point, he had not to make that somersault which at the close of the same century the good Lutheran philosopher had to make. Butler, the bishop, was one man and Kant, the professor, another man.

Y ser un hombre es ser algo concreto, unitario y susantivo es ser cosa, res. Y ya sabemos lo que otro hombre, al hombre Benito Spinoza, aquel judío portugués que nació y vivió en Holanda a mediados del siglo XVII, escribió de toda cosa. La proposición 6. a de la parte III de su Éticadice: unaquaeque res, quatenus in se est, in suo esse perseverare conatur, es decir, cada cosa, en cuanto es en sí, se esfuerza por perseverar en su ser. Cada cosa es cuanto es en sí, es decir, en cuanto sustancia, ya que, según él, sustancia es id quod in se est et per se concipitur; lo que es por sí y por sí se concibe. Y en la siguiente proposición, la 7. a, de la misma parte añade: conatus, quo unaquaeque res in suo esse perseverare conatur nihil est praeter ipsius rei actualem essentiam; esto es, el esfuerzo con que cada cosa trata de perseverar en su ser no es sino la esencia actual de la cosa misma. Quiere decirse que tu esencia, lector, la mía, la del hombre Spinoza, la del hombre Butler, la del hombre Kant y la de cada hombre que sea hombre, no es sino el conato, el esfuerzo que pone en seguir siendo hombre, en no morir. Y la otra proposición que sigue a estas dos, la 8. a, dice:conatus, quo unaquaeque res in suo esse perseverare conatur, nullum tempus finitum, sed indefinitum involvit, o sea: el esfuerzo con que cada cosa se esfuerza por perseverar en su ser, no implica tiempo finito, sino indefinido. Es decir, que tú, yo y Spinoza queremos no morirnos nunca y que este nuestro anhelo de nunca morirnos es nuestra esencia actual. Y, sin embargo, este pobre judío portugués, desterrado en las tinieblas holandesas, no pudo llegar a creer nunca en su propia inmortalidad personal, y toda su filosofía no fue sino una consolación que fraguó para esta su falta de fe. Como a otros les duele una mano o un pie o el corazón o la cabeza, a Spinoza le dolía Dios. ¡Pobre hombre! ¡Y pobres hombres los demás!

To be a man is to be something concrete, unitary, and substantive; it is to be a thing—res. Now we know what another man, the man Benedict Spinoza, that Portuguese Jew who was born and lived in Holland in the middle of the seventeenth century, wrote about the nature of things. The sixth proposition of Part III. of hisEthic states: unaquoeque res, quatenus in se est, in suo esse perseverare conatur—that is, Everything, in so far as it is in itself, endeavours to persist in its own being. Everything in so far as it is in itself—that is to say, in so far as it is substance, for according to him substance is id quod in se est et per se concipitur—that which is in itself and is conceived by itself. And in the following proposition, the seventh, of the same part, he adds:conatus, quo unaquoeque res in suo esse perseverare conatur, nihil est proeter ipsius rei actualem essentiam—that is, the endeavour wherewith everything endeavours to persist in its own being is nothing but the actual essence of the thing itself. This means that your essence, reader, mine, that of the man Spinoza, that of the man Butler, of the man Kant, and of every man who is a man, is nothing but the endeavour, the effort, which he makes to continue to be a man, not to die. And the other proposition which follows these two, the eighth, says:conatus, quo unaquoeque res in suo esse perseverare conatur, nullum tempus finitum, sed indefinitum involvit—that is, The endeavour whereby each individual thing endeavours to persist involves no finite time but indefinite time. That is to say that you, I, and Spinoza wish never to die and that this longing of ours never to die is our actual essence. Nevertheless, this poor Portuguese Jew, exiled in the mists of Holland, could never attain to believing in his own personal immortality, and all his philosophy was but a consolation which he contrived for his lack of faith. Just as other men have a pain in hand or foot, heart-ache or head-ache, so he had God-ache. Unhappy man! And unhappy fellow-men!

Y el hombre, esta cosa, ¿es una cosa? Por absurda que parezca la pregunta, hay quienes se la han propuesto. Anduvo no ha mucho por el mundo una cierta doctrina que llamábamos positivismo, que hizo muy bien y mucho mal. Y entre otros males que hizo, fue el de traernos un género tal de análisis que los hechos se pulverizaban con él, reduciéndose a polvo de hechos. Los más de los que el positivismo llamaba hechos, no eran sino fragmentos de hechos. En psicología su acción fue deletérea. Hasta hubo escolásticos metidos a literatos -no digo filósofos metidos a poetas, porque poeta y filósofo son hermanos gemelos, si es que no la misma cosa- que llevaron el análisis psicológico positivista a la novela y al drama, donde hay que poner en pie hombres concretos, de carne y hueso, y en fuerza de estados de conciencia las conciencias desaparecieron. Les sucedió lo que dicen sucede con frecuencia al examinar y ensayar ciertos complicados compuestos químicos orgánicos, vivos, y es que los reactivos destruyen el cuerpo mismo que se trata de examinar, y lo que obtenemos son no más que productos de su composición.

And man, this thing, is he a thing? How absurd soever the question may appear, there are some who have propounded it. Not long ago there went abroad a certain doctrine called Positivism, which did much good and much ill. And among other ills that it wrought was the introduction of a method of analysis whereby facts were pulverized, reduced to a dust of facts. Most of the facts labelled as such by Positivism were really only fragments of facts. In psychology its action was harmful. There were even scholastics meddling in literature—I will not say philosophers meddling in poetry, because poet and philosopher are twin brothers, if not even one and the same—who carried this Positivist psychological analysis into the novel and the drama, where the main business is to give act and motion to concrete men, men of flesh and bone, and by dint of studying states of consciousness, consciousness itself disappeared. The same thing happened to them which is said often to happen in the examination and testing of certain complicated, organic, living chemical compounds, when the reagents destroy the very body which it was proposed to examine and all that is obtained is the products of its decomposition.

Partiendo del hecho evidente de que por nuestra conciencia desfilan estados contradictorios entre sí, llegaron a no ver claro la conciencia, el yo. Preguntarle a uno por su yo, es como preguntarle por su cuerpo. Y cuenta que al hablar del yo, hablo del yo concreto y personal; no del yo de Fichte, sino de Fichte mismo, del hombre Fichte.

Taking as their starting-point the evident fact that contradictory states pass through our consciousness, they did not succeed in envisaging consciousness itself, the "I. " To ask a man about his "I" is like asking him about his body. And note that in speaking of the "I, " I speak of the concrete and personal "I, " not of the "I" of Fichte, but of Fichte himself, the man Fichte.

Y lo que determina a un hombre, lo que le hace un hombre, uno y no otro, el que es y no el que no es, es un principio de unidad y un principio de continuidad. Un principio de unidad primero, en el espacio, merced al cuerpo, y luego en la acción y en el propósito. Cuando andamos, no va un pie hacia adelante, el otro hacia atrás: ni cuando miramos mira un ojo al Norte y el otro al Sur, como estemos sanos. En cada momento de nuestra vida tenemos un propósito, y a él conspira la sinergia de nuestras acciones. Aunque al momento siguiente cambiemos de propósito. Y es en cierto sentido un hombre tanto más hombre, cuanto más unitaria sea su acción. Hay quien en su vida toda no persigue sino un solo propósito, sea el que fuere.

That which determines a man, that which makes him one man, one and not another, the man he is and not the man he is not, is a principle of unity and a principle of continuity. A principle of unity firstly in space, thanks to the body, and next in action and intention. When we walk, one foot does not go forward and the other backward, nor, when we look, if we are normal, does one eye look towards the north and the other towards the south. In each moment of our life we entertain some purpose, and to this purpose the synergy of our actions is directed. Notwithstanding the next moment we may change our purpose. And in a certain sense a man is so much the more a man the more unitary his action. Some there are who throughout their whole life follow but one single purpose, be it what it may.

Y un principio de continuidad en el tiempo. Sin entrar a discutir -discusión ociosa- si soy o no el que era hace veinte años, es indiscutible, me parece, el hecho de que el que soy hoy proviene, por serie continua de estados de conciencia, del que era en mi cuerpo hace veinte años. La memoria es la base de la personalidad individual, así como la tradición lo es de la personalidad colectiva de un pueblo. Se vive en el recuerdo y por el recuerdo, y nuestra vida espiritual no es, en el fono, sino el esfuerzo de nuestro recuerdo por perseverar, por hacerse esperanza, el esfuerzo de nuestro pasado por hacerse porvenir.

Also a principle of continuity in time. Without entering upon a discussion—an unprofitable discussion—as to whether I am or am not he who I was twenty years ago, it appears to me to be indisputable that he who I am to-day derives, by a continuous series of states of consciousness, from him who was in my body twenty years ago. Memory is the basis of individual personality, just as tradition is the basis of the collective personality of a people. We live in memory and by memory, and our spiritual life is at bottom simply the effort of our memory to persist, to transform itself into hope, the effort of our past to transform itself into our future.

Todo esto es de una perogrullería chillante, bien lo sé: pero es que, rodando por el mundo, se encuentra uno con hombres que parece no se sienten a sí mismos. Uno de mis mejores amigos, con quien he paseado a diario durante muchos años enteros, cada vez que yo le hablaba de este sentimiento de la propia personalidad, me decía: «Pues yo no me siento a mí mismo, no se qué es eso. »

All this, I know well, is sheer platitude; but in going about in the world one meets men who seem to have no feeling of their own personality. One of my best friends with whom I have walked and talked every day for many years, whenever I spoke to him of this sense of one's own personality, used to say: "But I have no sense of myself; I don't know what that is. "

En cierta ocasión, este amigo a que aludo me dijo: «Quisiera ser fulano» (aquí un nombre), y le dije: Eso es lo que yo no acabo nunca de comprender, que uno quiera ser otro cualquiera. Querer ser otro, es querer dejar de ser uno el que es. Me explico que uno desee tener lo que otro tiene, sus riquezas o sus conocimientos; pero ser otro, es cosa que no me la explico.

On a certain occasion this friend remarked to me: "I should like to be So-and-so" (naming someone), and I said: "That is what I shall never be able to understand—that one should want to be someone else. (To want to be someone else is to want to cease to be he who one is. ) I understand that one should wish to have what someone else has, his wealth or his knowledge; but to be someone else, that is a thing I cannot comprehend. "

Más de una vez se ha dicho que todo hombre desgracitado prefiere ser el que es, aun con sus desgracias, a ser otro sin ellas. Y es que los hombres desgracitados, cuando conservan la sanidad en su desgracia, es decir, cuando se esfuerzan por perseverar en su ser, prefieren la desgracia a la no existencia. De mí sé decir, que cuando era un mozo, y aun de niño, no lograron conmoverme las patéticas pinturas que del infierno se me hacían, pues ya desde entonces nada se me aparecía tan horrible como la nada misma. Era una furiosa hambre de ser, un apetito de divinidad como nuestro ascético dijo.

It has often been said that every man who has suffered misfortunes prefers to be himself, even with his misfortunes, rather than to be someone else without them. For unfortunate men, when they preserve their normality in their misfortune—that is to say, when they endeavour to persist in their own being—prefer misfortune to non-existence. For myself I can say that as a youth, and even as a child, I remained unmoved when shown the most moving pictures of hell, for even then nothing appeared to me quite so horrible as nothingness itself. It was a furious hunger of being that possessed me, an appetite for divinity, as one of our ascetics has put it.

Irle a uno con la embajada de que se haga otro, es irle con la embajada de que deje de ser él. Cada cual defiende su personalidad, y sólo acepta un cambio en su modo de pensar o de sentir en cuanto este cambio pueda entrar en la unidad de su espíritu y engarzar en la continuidad de él; en cuanto ese cambio pueda armonizarse e integrarse con todo el resto de su modo de ser, pensar y sentir, y pueda a la vez enlazarse a sus recuerdos. Ni a un hombre, ni a un pueblo -que es, en cierto sentido, un hombre también- se le puede exigir un cambio que rompa la unidad y la continuidad de su persona. Se le puede cambiar mucho, hasta por completo casi; pero dentro de continuidad.

To propose to a man that he should be someone else, that he should become someone else, is to propose to him that he should cease to be himself. Everyone defends his own personality, and only consents to a change in his mode of thinking or of feeling in so far as this change isable to enter into the unity of his spirit and become involved in its continuity; in so far as this change can harmonize and integrate itself with all the rest of his mode of being, thinking and feeling, and can at the same time knit itself with his memories. Neither of a man nor of a people—which is, in a certain sense, also a man—can a change be demanded which breaks the unity and continuity of the person. A man can change greatly, almost completely even, but the change must take place within his continuity.

Cierto es que se da en ciertos individuos eso que se llama un cambio de personalidad; pero eso es un caso paológico, y como tal lo estudian los alienistas. En esos cambios de personalidad, la memoria, base de la conciencia, se arruina por completo, y sólo le queda al pobre paciente, como substrato de continuidad individual -ya que no personal-, el organismo físico. Tal enfermedad equivale a la muerte para el sujeto que la padece; para quienes no equivale a su muerte es para los que hayan de heredarle, si tiene bienes de fortuna. Y esa enfermedad no es más que una revolución, una verdadera revolución.

It is true that in certain individuals there occur what are called changes of personality; but these are pathological cases, and as such are studied by alienists. In these changes of personality, memory, the basis of consciousness, is completely destroyed, and all that is left to the sufferer as the substratum of his individual continuity, which has now ceased to be personal, is the physical organism. For the subject who suffers it, such an infirmity is equivalent to death—it is not equivalent to death only for those who expect to inherit his fortune, if he possesses one! And this infirmity is nothing less than a revolution, a veritable revolution.

Una enfermedad es, en cierto respecto, una disociación orgánica; es un órgano o un elemento cualquiera del cuerpo vivo que se rebela, rompe la sinergia vital y conspira a un fin distinto del que conspiran los demás elementos con él coordinados. Su fin puede ser, considerado en sí, es decir, en abstracto, más elevado, más noble, más. . . todo lo que se quiera, pero es otro. Podrá ser mejor volar y respirar en el aire que nadar y respirar en el agua; pero si las aletas de un pez dieran en querer converirse en alas, el pez, como pez, perecería. Y no sirve decir que acabaría por hacerse ave; si es que no había en ello un proceso de continuidad. No lo sé bien, pero acaso se pueda dar que un pez engendre un ave, u otro pez que está más cerca del ave que él; pero un pez, este pez, no puede él mismo, y durante su vida, hacerse ave.

A disease is, in a certain sense, an organic dissociation; it is a rebellion of some element or organ of the living body which breaks the vital synergy and seeks an end distinct from that which the other elements co-ordinated with it seek. Its end, considered in itself—that is to say, in the abstract—may be more elevated, more noble, more anything you like; but it is different. To fly and breathe in the air may be better than to swim and breathe in the water; but if the fins of a fish aimed at converting themselves into wings, the fish, as a fish, would perish. And it is useless to say that it would end by becoming a bird, if in this becoming there was not a process of continuity. I do not precisely know, but perhaps it may be possible for a fish to engender a bird, or another fish more akin to a bird than itself; but a fish, this fish, cannot itself and during its own lifetime become a bird.

Todo lo que en mí conspire a romper la unidad y la continuidad de mi vida, conspira a destruirme, y, por lo tanto, a destruirse. Todo individuo que en un pueblo conspira a romper la unidad y la continuidad espirituales de ese pueblo, tiende a destruirlo y a destruirse como parte de ese pueblo. ¿Que tal otro pueblo es mejor? Perfectamente, aunque no entendamos bien qué es eso de mejor o peor. ¿Que es más rico? Concedido. ¿Que es más culto? Concedido también. ¿Que vive más feliz? Esto ya. . . , pero, en fin, ¡pase! ¿Que vence, eso que llaman vencer, mientras nosotros somos vencidos? Enhorabuena. Todo esto está bien, pero es otro. Y basta. Porque para mí, el hacerme otro, rompiendo la unidad y la continuidad de mi vida, es dejar de ser el que soy, es decir, es sencillamente dejar de ser. Y esto no: ¡todo antes que esto!

Everything in me that conspires to break the unity and continuity of my life conspires to destroy me and consequently to destroy itself. Every individual in a people who conspires to break the spiritual unity and continuity of that people tends to destroy it and to destroy himself as a part of that people. What if some other people is better than our own? Very possibly, although perhaps we do not clearly understand what is meant by better or worse. Richer? Granted. More cultured? Granted likewise. Happier? Well, happiness . . . but still, let it pass! A conquering people (or what is called conquering) while we are conquered? Well and good. All this is good—but it is something different. And that is enough. Because for me the becoming other than I am, the breaking of the unity and continuity of my life, is to cease to be he who I am—that is to say, it is simply to cease to be. And that—no! Anything rather than that!

¿Que otro llenaría tan bien o mejor que yo el papel que lleno? ¿Que otro cumpliría mi función social? Sí, pero no yo.

Another, you say, might play the part that I play as well or better? Another might fulfil my function in society? Yes, but it would not be I.

«¡Yo, yo, yo, siempre yo! -dirá algún lector-; y ¿quién eres tú?» Podría aquí contestarle con Obermann, con el enorme hombre Obermann: «para el universo nada, para mí todo»; pero no, prefiero recordarle una doctrina del hombre Kant, y es la de que debemos considerar a nuestros prójimos, a los demás hombres, no como medios, sino como fines. Pues no se trata de mí tan sólo: se trata de todos y de cada uno. Los juicios singulares tienen valor de universales, dicen los lógicos. Lo singular no es particular, es universal.

"I, I, I, always I!" some reader will exclaim; "and who are you?" I might reply in the words of Obermann, that tremendous man Obermann: "For the universe, nothing—for myself, everything"; but no, I would rather remind him of a doctrine of the man Kant—to wit, that we ought to think of our fellow-men not as means but as ends. For the question does not touch me alone, it touches you also, grumbling reader, it touches each and all. Singular judgments have the value of universal judgments, the logicians say. The singular is not particular, it is universal.

El hombre es un fin, no un medio. La civilización toda se endereza al hombre, a cada hombre, a cada yo. ¿O qué es ese ídolo, llámese Humanidad o como se llamare, a que se han de sacrificar todos y cada uno de los hombres? Porque yo me sacrifico por mis prójimos, por mis compatriotas, por mis hijos, y estos a su vez por los suyos, y los suyos por los de ellos, y así en serie inacabable de generaciones. ¿Y quién recibe el fruto de ese sacrificio?

Man is an end, not a means. All civilization addresses itself to man, to each man, to each I. What is that idol, call it Humanity or call it what you like, to which all men and each individual man must be sacrificed? For I sacrifice myself for my neighbours, for my fellow-countrymen, for my children, and these sacrifice themselves in their turn for theirs, and theirs again for those that come after them, and so on in a never-ending series of generations. And who receives the fruit of this sacrifice?

Los mismos que nos hablan de ese sacrificio fantástico, de esa dedicación sin objeto, suelen también hablarnos del derecho a la vida. ¿Y qué es el derecho a la vida? Me dicen que he venido a realizar no sé qué fin social; pero yo siento que yo, lo mismo que cada uno de mis hermanos, he venido a realizarme, a vivir.

Those who talk to us about this fantastic sacrifice, this dedication without an object, are wont to talk to us also about the right to live. What is this right to live? They tell me I am here to realize I know not what social end; but I feel that I, like each one of my fellows, am here to realize myself, to live.

Sí, sí, lo veo; una enorme actividad social, una poderosa civilización, mucha ciencia, mucho arte, mucha industria, mucha moral, y luego, cuando hayamos llenado el mundo de maravillas industriales, de grandes fábricas, de caminos, de museos, de bibliotecas, caeremos agotados al pie de todo esto, y quedará ¿para quién? ¿Se hizo el hombre para la ciencia o se hizo la ciencia para el hombre?

Yes, yes, I see it all!—an enormous social activity, a mighty civilization, a profuseness of science, of art, of industry, of morality, and afterwards, when we have filled the world with industrial marvels, with great factories, with roads, museums, and libraries, we shall fall exhausted at the foot of it all, and it will subsist—for whom? Was man made for science or was science made for man?

«¡Ea! -exclamará de nuevo el mismo lector-, volvemos a aquello del catecismo. P ¿Para quién hizo Dios el mundo? R. Para el hombre. » Pues bien, sí, así debe responder el hombre que sea hombre. La hormiga, si se diese cuenta de esto, y fuera persona, consciente de sí misma contestaría que para la hormiga, y contestaría bien. El mundo se hace para la conciencia, para cada conciencia.

"Why!" the reader will exclaim again, "we are coming back to what the Catechism says: 'Q. For whom did God create the world? A. For man. '" Well, why not?—so ought the man who is a man to reply. The ant, if it took account of these matters and were a person, would reply "For the ant, " and it would reply rightly. The world is made for consciousness, for each consciousness.

Una alma humana vale por todo el universo, ha dicho no sé quién, pero ha dicho egregiamente. Un alma humana, ¿eh? No una vida. La vida esta no. Y sucede que a medida que se cree menos en el alma, es decir, en su inmortalidad consciente, personal y concreta, se exagerará más el valor de la pobre vida pasajera. De aquí arrancan todas las afeminadas sensiblerías contra la guerra. Sí, uno no debe querer morir, pero la otra muerte. «El que quiera salvar su vida, la perderá», dice el Evangelio; pero no dice el que quiera salvar su alma, el alma inmortal. O que creemos y queremos que lo sea.

A human soul is worth all the universe, someone—I know not whom—has said and said magnificently. A human soul, mind you! Not a human life. Not this life. And it happens that the less a man believes in the soul—that is to say in his conscious immortality, personal and concrete—the more he will exaggerate the worth of this poor transitory life. This is the source from which springs all that effeminate, sentimental ebullition against war. True, a man ought not to wish to die, but the death to be renounced is the death of the soul. "Whosoever will save his life shall lose it, " says the Gospel; but it does not say "whosoever will save his soul, " the immortal soul—or, at any rate, which we believe and wish to be immortal.

Y todos los definidores del objetivismo no se fijan, o mejor dicho, no quieren fijarse, que al afirmar un hombre su yo, su conciencia personal, afirma al hombre, al hombre concreto y real, afirma el verdadero humanismo -fue no es el de las cosas del hombre, sino el del hombre-, y al afirmar al hombre, afirma la conciencia. Porque la única conciencia de que tenemos conciencia es la del hombre.

And what all the objectivists do not see, or rather do not wish to see, is that when a man affirms his "I, " his personal consciousness, he affirms man, man concrete and real, affirms the true humanism—the humanism of man, not of the things of man—and in affirming man he affirms consciousness. For the only consciousness of which we have consciousness is that of man.

El mundo es para la conciencia. O, mejor dicho, este para, esta noción de finalidad, y mejor que noción sentimiento, este sentimiento teológico no nace sino donde hay conciencia. Conciencia y finalidad son la misma cosa en el fondo.

The world is for consciousness. Or rather this for, this notion of finality, and feeling rather than notion, this teleological feeling, is born only where there is consciousness. Consciousness and finality are fundamentally the same thing.

Si el Sol tuviese conciencia, pensaría vivir para alumbrar a los mundos, sin duda; pero pensaría también, y sobre todo, que los mundos existen para que él los alumbre y se goce en alumbrarlos y así viva. Y pensaría bien.

If the sun possessed consciousness it would think, no doubt, that it lived in order to give light to the worlds; but it would also and above all think that the worlds existed in order that it might give them light and enjoy itself in giving them light and so live. And it would think well.

Y toda esa trágica batalla del hombre por salvarse, ese inmortal anhelo de inmortalidad que le hizo al hombre Kant dar aquel salto inmortal de que os decía, todo eso no es más que una batalla por la conciencia. Si la conciencia no es, como ha dicho algún pensador inhumano, nada más que un relámpago entre dos eternidades de tinieblas, entonces no hay nada más execrable que la existencia.

And all this tragic fight of man to save himself, this immortal craving for immortality which caused the man Kant to make that immortal leap of which I have spoken, all this is simply a fight for consciousness. If consciousness is, as some inhuman thinker has said, nothing more than a flash of light between two eternities of darkness, then there is nothing more execrable than existence.

Alguien podrá ver un fondo de contradicción en todo cuanto voy diciendo, anhelando unas veces la vida inacabable, y diciendo otras que esa vida no tiene el valor que se le da. ¿Contradicción? ¡Ya lo creo! ¡La de mi corazón, que dice que sí, mi cabeza, que dice no! Contradicción, naturalmente. ¿Quién no recuerda aquellas palabras del Evangelio: «¡Señor, creo; ayuda a mi incredulidad!»? ¡Contradicción!, ¡naturalmente! Como que sólo vivimos de contradicciones, y por ellas; como que la vida es tragedia, y la tragedia es perpetua lucha, sin victoria ni esperanza de ella; es contradicción.

Some may espy a fundamental contradiction in everything that I am saying, now expressing a longing for unending life, now affirming that this earthly life does not possess the value that is given to it. Contradiction? To be sure! The contradiction of my heart that says Yes and of my head that says No! Of course there is contradiction. Who does not recollect those words of the Gospel, "Lord, I believe, help thou my unbelief"? Contradiction! Of course! Since we only live in and by contradictions, since life is tragedy and the tragedy is perpetual struggle, without victory or the hope of victory, life is contradiction.

Se trata, como veis, de un valor afectivo, y contra los valores afectivos no valen razones. Porque las razones no son nada más que razones, es decir, ni siquiera son verdades. Hay definidores de esos pedantes por naturaleza y por gracia, que me hacen el efecto de aquel señor que va a consolar a un padre que acaba de perder un hijo, muerto de repente en la flor de sus años, y le dice: «¡Paciencia, amigo, que todos tenemos que morirnos!» ¿Os chocaría que este padre se irritase contra semejante impertinencia? Porque es una impertinencia. Hasta un axioma puede llegar a ser en ciertos casos una impertinencia. Cuántas veces no cabe decir aquello de

The values we are discussing are, as you see, values of the heart, and against values of the heart reasons do not avail. For reasons are only reasons—that is to say, they are not even truths. There is a class of pedantic label-mongers, pedants by nature and by grace, who remind me of that man who, purposing to console a father whose son has suddenly died in the flower of his years, says to him, "Patience, my friend, we all must die!" Would you think it strange if this father were offended at such an impertinence? For it is an impertinence. There are times when even an axiom can become an impertinence. How many times may it not be said—

para pensar cual tú, sólo es preciso
no tener nada más que inteligencia.

Hay personas, en efecto, que parecen no pensar más que con el cerebro, o con cualquier otro órgano que sea el específico para pensar; mientras otros piensan con todo el cuerpo y toda el alma, con la sangre, con el tuétanto de los huesos, con el corazón, con los pulmones, con el vientre, con la vida. Y las gentes que no piensan más que con el cerebro, dan en definidores; se hacen profesionales del pensamiento. ¿Y sabéis lo que es un profesional? ¿Sabéis lo que es un producto de la diferenciación del trabajo?

There are, in fact, people who appear to think only with the brain, or with whatever may be the specific thinking organ; while others think with all the body and all the soul, with the blood, with the marrow of the bones, with the heart, with the lungs, with the belly, with the life. And the people who think only with the brain develop into definition-mongers; they become the professionals of thought. And you know what a professional is? You know what a product of the differentiation of labour is?

Aquí tenéis un profesional del boxeo. Ha aprendido a dar puñetazos con tal economía, que reconcentra sus fuerzas en el puñetazo, y apenas pone en juego sino los músculos precisos para obtener el fin inmediato y concentrado de su acción: derribar al adversario. Un boleo dado por un no profesional, podrá no tener tanta eficacia objetiva inmediata, pero vitaliza mucho más al que lo da, haciéndole poner en juego casi todo su cuerpo. El uno es un puñetazo de boxeador, el otro de hombre. Y sabido es que los hércules de circo, que los atletas de feria, no suelen ser sanos. Derriban a los adversarios, levantan enormes pesas, pero se mueren, o de tisis o de dispepsia.

Take a professional boxer. He has learnt to hit with such economy of effort that, while concentrating all his strength in the blow, he only brings into play just those muscles that are required for the immediate and definiteobject of his action—to knock out his opponent. A blow given by a non-professional will not have so much immediate, objective efficiency; but it will more greatly vitalize the striker, causing him to bring into play almost the whole of his body. The one is the blow of a boxer, the other that of a man. And it is notorious that the Hercules of the circus, the athletes of the ring, are not, as a rule, healthy. They knock out their opponents, they lift enormous weights, but they die of phthisis or dyspepsia.

Si un filósofo no es un hombre, es todo menos un filósofo; es, sobre todo, un pedante, es decir, un remedo de hombre. El cultivo de una ciencia cualquiera, de la química, de la física, de la geometría, de la filología, puede ser, y aun esto muy restringidamente y dentro de muy estrechos límites, obra de especialización diferenciada; pero la filosofía, como la poesía, o es obra de integración, de concinación, o no es sino filosofería, erudición seudofilosófica.

If a philosopher is not a man, he is anything but a philosopher; he is above all a pedant, and a pedant is a caricature of a man. The cultivation of any branch of science—of chemistry, of physics, of geometry, of philology—may be a work of differentiated specialization, and even so only within very narrow limits and restrictions; but philosophy, like poetry, is a work of integration and synthesis, or else it is merely pseudo-philosophical erudition.

Todo conocimiento tiene una finalidad. Lo de saber para saber, no es, dígase lo que se quiera, sino una tétrica petición de principio. Se aprende algo, o para un fin prácico inmediato, o para completar nuestros demás conocimientos. Hasta la doctrina que nos aparezca más teórica, es decir, de menor aplicación inmediata a las necesidades no intelectuales de la vida, responde a una necesidad -que también lo es- intelectual, a una razón de economía en el pensar, a un principio de unidad y continuidad de la conciencia. Pero así como un conocimiento científico tiene su finalidad en los demás conocimientos, la filosofía extrínseca se refiere a nuestro destino todo, a nuestra actitud frente a la vida y al universo. Y el más trágico problema de la filosofía es el de conciliar las necesidades intelectuales con las necesidades afectivas y con las volitivas. Como que ahí fracasa toda filosofía que pretende deshacer la eterna y trágica contradicción, base de nuestra existencia. ¿Pero afrontan todos esta contradicción?

All knowledge has an ultimate object. Knowledge for the sake of knowledge is, say what you will, nothing but a dismal begging of the question. We learn something either for an immediate practical end, or in order to complete the rest of our knowledge. Even the knowledge that appears to us to be most theoretical—that is to say, of least immediate application to the non-intellectual necessities of life—answers to a necessity which is no less real because it is intellectual, to a reason of economy in thinking, to a principle of unity and continuity of consciousness. But just as a scientific fact has its finality in the rest of knowledge, so the philosophy that we would make our own has also its extrinsic object—it refers to our whole destiny, to our attitude in face of life and the universe. And the most tragic problem of philosophy is to reconcile intellectual necessities with the necessities of the heart and the will. For it is on this rock that every philosophy that pretends to resolve the eternal and tragic contradiction, the basis of our existence, breaks to pieces. But do all men face this contradiction squarely?

Poco puede esperarse, verbigracia, de un gobernante que alguna vez, aun cuando sea por modo oscuro, no se ha preocupado del principio primero y del fin último de las cosas todas, y sobre todo de los hombres, de su primer por qué y de su último para qué.

Little can be hoped from a ruler, for example, who has not at some time or other been preoccupied, even if only confusedly, with the first beginning and the ultimate end of all things, and above all of man, with the "why" of his origin and the "wherefore" of his destiny.

Y esta suprema preocupación no puede ser puramente racional, tiene que ser afectiva. No basta pensar, hay que sentir nuestro destino. Y el que, pretendiendo dirigir a sus semejantes, dice y proclama que le tienen sin cuidado las cosas de tejas arriba, no merece dirigirlos. Sin que esto quiera decir, ¡claro está!, que haya de pedírsele solución alguna determinada. ¡Solución! ¿La hay acaso?

And this supreme preoccupation cannot be purely rational, it must involve the heart. It is not enough to think about our destiny: it must be felt. And the would-be leader of men who affirms and proclaims that he pays no heed to the things of the spirit, is not worthy to lead them. By which I do not mean, of course, that any ready-made solution is to be required of him. Solution? Is there indeed any?

Por lo que a mí hace, jamás me entregaré de buen grado, y otorgándole mi confianza, a conductor alguno de pueblos que no esté penetrado de que, al conducir un pueblo, conduce hombres, hombres de carne y hueso, hombres que nacen, sufren, y aunque no quieran morir, mueren; hombres que son fines en sí mismos, no sólo medios; hombres que han de ser lo que son y no otros; hombres, en fin, que buscan eso que llamamos la felicidad. Es inhumano, por ejemplo, sacrificar una generación de hombres a la generación que le sigue, cuando no se tiene sentimiento del destino de los sacrificados. No de su memoria, no de sus nombres, sino de ellos mismos.

So far as I am concerned, I will never willingly yield myself, nor entrust my confidence, to any popular leader who is not penetrated with the feeling that he who orders a people orders men, men of flesh and bone, men who are born, suffer, and, although they do not wish to die, die; men who are ends in themselves, not merely means; men who must be themselves and not others; men, in fine, who seek that which we call happiness. It is inhuman, for example, to sacrifice one generation of men to the generation which follows, without having any feeling for the destiny of those who are sacrificed, without having any regard, not for their memory, not for their names, but for them themselves.

Todo eso de que uno vive en sus hijos, o en sus obras, o en el universo, son vagas elucubraciones con que sólo se satisfacen los que padecen de estupidez afectiva, que pueden ser, por lo demás, personas de una cierta eminencia cerebral. Porque puede uno tener un gran talento, lo que llamamos un gran talento, y ser un estúpido del sentimiento y hasta un imbécil moral. Se han dado casos.

All this talk of a man surviving in his children, or in his works, or in the universal consciousness, is but vague verbiage which satisfies only those who suffer from affective stupidity, and who, for the rest, may be persons of a certain cerebral distinction. For it is possible to possess great talent, or what we call great talent, and yet to be stupid as regards the feelings and even morally imbecile. There have been instances.

Estos estúpidos afectivos con talento suelen decir que no sirve querer zahondar en lo inconocible ni dar coces contra el aguijón. Es como si se le dijera a uno a quien le han tenido que amputar una pierna, que de nada le sirve pensar en ello. Y a todos nos falta algo; sólo que unos lo sienten y otros no. O hacen como que no lo sienten, y entonces son unos hipócritas.

These clever-witted, affectively stupid persons are wont to say that it is useless to seek to delve in the unknowable or to kick against the pricks. It is as if one should say to a man whose leg has had to be amputated that it does not help him at all to think about it. And we all lack something; only some of us feel the lack and others do not. Or they pretend not to feel the lack, and then they are hypocrites.

Un pedante que vio a Solón llorar la muerte de un hijo, le dijo: «¿Para qué lloras así, si eso de nada sirve?» Y el sabio le respondió: «Por eso precisamente, porque no sirve. » Claro está que el llorar sirve de algo, aunque no sea más que de desahogo; pero bien se ve el profundo sentido de la respuesta de Solón al impertinente. Y estoy convencido de que resolveríamos muchas cosas si saliendo todos a la calle, y poniendo a luz nuestras penas, que acaso resultasen una sola pena común, nos pusiéramos en común a llorarlas y a dar gritos al cielo y a llamar a Dios. Aunque no nos oyese, que sí nos oiría. Lo más santo de un templo es que es el lugar a que se va a llorar en común. Un Miserere, cantado en común por una muchedumbre, azotada del destino, vale tanto como una filosofía. No basta curar la peste, hay que saber llorarla. ¡Sí, hay que saber llorar! Y acaso esta es la sabiduría suprema. ¿Para qué? Pregunádselo a Solón.

A pedant who beheld Solon weeping for the death of a son said to him, "Why do you weep thus, if weeping avails nothing?" And the sage answered him, "Precisely for that reason—because it does not avail. " It is manifest that weeping avails something, even if only the alleviation of distress; but the deep sense of Solon's reply to the impertinent questioner is plainly seen. And I am convinced that we should solve many things if we all went out into the streets and uncovered our griefs, which perhaps would prove to be but one sole common grief, and joined together in beweeping them and crying aloud to the heavens and calling upon God. And this, even though God should hear us not; but He would hear us. The chiefest sanctity of a temple is that it is a place to which men go to weep in common. Amiserere sung in common by a multitude tormented by destiny has as much value as a philosophy. It is not enough to cure the plague: we must learn to weep for it. Yes, we must learn to weep! Perhaps that is the supreme wisdom. Why? Ask Solon.

Hay algo que, a falta de otro nombre, llamaremos el sentimiento trágico de la vida, que lleva tras sí toda una concepción de la vida misma y del universo, toda una filosofía más o menos formulada, más o menos consciente. Y ese sentimiento pueden tenerlo, y lo tienen, no sólo hombres individuales, sino pueblos enteros. Y ese sentimiento, más que brotar de ideas, las determina, aun cuando luego, claro está, estas ideas reaccionan sobre él, corroborándolo. Unas veces puede provenir de una enfermedad adventicia, de una dispepsia, verbigracia, pero otras veces es constitucional. Y no sirve hablar, como veremos, de hombres sanos e insanos. Aparte de no haber una noción normativa de la salud, nadie ha probado que el hombre tenga que ser naturalmente alegre. Es más: el hombre, por ser hombre, por tener conciencia, es ya, respecto al burro o a un cangrejo, un animal enfermo. La conciencia es una enfermedad.

There is something which, for lack of a better name, we will call the tragic sense of life, which carries with it a whole conception of life itself and of the universe, a whole philosophy more or less formulated, more or less conscious. And this sense may be possessed, and is possessed, not only by individual men but by whole peoples. And this sense does not so much flow from ideas as determine them, even though afterwards, as is manifest, these ideas react upon it and confirm it. Sometimes it may originate in a chance illness— dyspepsia, for example; but at other times it is constitutional. And it is useless to speak, as we shall see, of men who are healthy and men who are not healthy. Apart from the fact there is no normal standard of health, nobody has proved that man is necessarily cheerful by nature. And further, man, by the very fact of being man, of possessing consciousness, is, in comparison with the ass or the crab, a diseased animal. Consciousness is a disease.

Ha habido entre los hombres de carne y hueso ejemplares típicos de esos que tienen el sentimiento trágico de la vida. Ahora recuerdo a Marco Aurelio, San Agustín, Pascal, Rousseau, René, Obermann, Thomson, Leopardi, Vigny, Lenau, Kleist, Amiel, Quental, Kierkegaard: hombres cargados de sabiduría más bien que de ciencia.

Among men of flesh and bone there have been typical examples of those who possess this tragic sense of life. I recall now Marcus Aurelius, St. Augustine, Pascal, Rousseau, René, Obermann, Thomson, Leopardi, Vigny, Lenau, Kleist, Amiel, Quental, Kierkegaard— men burdened with wisdom rather than with knowledge.

Habrá quien crea que uno cualquiera de estos hombres adoptó su actitud como si actitudes así cupiese adoptar, como quien adopta una postura-, para llamar la atención o tal vez para congraciarse con los poderosos, con sus jefes acaso, porque no hay nada más menguado que el hombre cuando se pone a suponer intenciones ajenas; pero honni soit qui mal y pense. Y esto por no estampar ahora y aquí otro proverbio, este español, mucho más enérgico, pero que acaso raye en grosería.

FALTA
Y hay, creo, también pueblos que tienen el sentimiento trágico de la vida.

And there are, I believe, peoples who possess this tragic sense of life also.

Es lo que hemos de ver ahora, empezando por eso de la salud y la enfermedad.

It is to this that we must now turn our attention, beginning with this matter of health and disease.