1. El autor, desde el comienzo, quiere despertar la atención del público y apelar a su benevolencia para que se compadezca del personaje central de la acción. Para lograrlo se vale de una técnica especial que se ajusta a los preceptos establecidos en las retóricas para la elaboración del prólogo literario. El comienzo del Cantar de Mio Cid, tal como nos ha llegado, está plenamente logrado desde el punto de vista artístico. El primer verso es una socorrida frase pleonástica, de gran fuerza emotiva como imagen inicial. Menéndez Pidal y algunos otros comentaristas han querido ver en la expresión ""llorar de los ojos'' un influjo de la Chanson de Roland, donde aparece ocho veces la fórmula pleurer des oilz; pero el ""llorar de los ojos'' es muy viejo; en el Eclesiástico 12. 16-18 leemos: in oculis sur lacrymatur (más sobre este tipo de expresiones pleonásticas en el Cantar en mi obra bibli.140 pp. 258-62). El Cantar de Mio Cid nos ha llegado falto de una primera hoja, lo que hace pensar que en su estado original existirían unos versos anteriores a éste. Algunos editores han tratado de reconstruir la primera hoja a base de la información de las Crónicas, donde se prosifica un texto del Cantar muy semejante al que hoy conocemos. Es posible, sin embargo, que dicha información de las Crónicas fuera en si una reconstrucción de sus autores para dar sentido a los comienzos vagos y sugestivos del Cantar; Menéndez Pidal transcribe una introducción que ocuparía unas tres hojas. Se nos presenta en ella al Cid envuelto en asuntos que hicieron dudar al rey de la integridad moral del guerrero castellano. Tal introducción, de haber existido como parte del Cantar, habría de juzgarse como fallo técnico, ya que el autor -lo mandaba la retórica- nunca debía mencionar en el exordio cosa alguna que diera motivo a sospechar de la rectitud del que iba a ser objeto de su elogio (cf v. 9n; algunos trabajos monográficos en bibli. 139; 194; 206; 308; 361; también en 48 y 378, pp. 152-4: sobre las lágrimas en la epopeya cf. L. Beszard, ""Les larmes dans l'épopée . . . '', ZRP. 27 (1903), 385-413. 513-49, 641-73).

2. Los efectos de que nos produce el Cantar se deben, no a que lo narrado sea verídico o histórico, sino a ese hacernos mirar y ver a los personajes y a través de sus ojos las cosas. El "los" es pronornbre que introduce el consecuente: puertas, uços, alcándaras.

3-5. Nótese lo bien lograda que está la expresión polisindética sin ...sin ...sin ...sin ...sin, para contrastar la pesada abundancia con la presente carencia; en el exordio el autor nos presenta un escenario de ausencias sobre las que resalta la presencia llorosa del héroe.

7-8. El autor de Juglaría quiere permanecer en el anonimato, y para ello se oculta bajo sus personajes: aquí confía al personaje principal el cumplimiento de dos preceptos del buen prólogo: la alusión al estilo de la obra y la invocación divina. El estilo del Cantar consistiría, pues, en ""el buen hablar'' -fabló... bien-, es decir, en ajustarse a la retórica que se definía comúnmente como ars bene loquendi. Hay más: el estilo del Cantar, como composición en verso, consistiría también en ""el hablar muy mesurado'' -fabló...tan mesurado--, es decir, ajustado a una medida y ritmo que lo hicieran apto para la recitación con acompañamiento de instrumento musical. En el lenguaje técnico de la métrica latina existe la nomenclatura aurium mensura, que podemos ver interpretado en el ""buen sson mesurado'' de que hablaba Alfonso el Sabio en el Setenario (Buenos Aires, 1945, p. 31). También la invocación divina del proemio es de tipo tradicional, que se remonta hasta Homero. El lector hará bien al contrastar este anonimato en que trata de esconderse el autor de Juglaría y su modestia en los versos simplemente rítmicos con el relieve personal de un Berceo y enorgullecimiento del autor del Libro de Alexandre, cuando en la estrofa 2, expone Los méritos de su arte reaccionario, curse rimado, sílabas contadas, cuaderna vía: mester trago fermoso/non es de ioglaria mester es sen peccado/ca es de clerezia fablar curso rimado/por la quaderna uia a sillauas cuntadas/ca es grant maestria La opinión común de los editores y comentaristas hasta ahora ha sido que ""mesurado'' se refiere al comedimiento psicológico del Cid. Este verso es objeto de uno de mis estudios de endocrítica, bibli. 140, pp. 43-53; también 40 y 238; sobre la irregularidad métrica del Cantar en su versión original cantada, cf 155 (más sobre la irregularidad y la rima 1; 16; 17; 80; 113; 171; 176; 182; 183; 207; 208; 211; 216; 217: 232; 281; 289; 291: 343: 357: 386).

9. Con gran sutilidad, propia del prólogo insinuador, el autor ha predispuesto al público contra los enemigos. Quintiliano, orador y gran preceptista hispano latino, aconsejaba a los oradores (y escritores) que desecharan en el prólogo todo aquello que de alguna manera pudiera empañar la imagen de rectitud moral de la persona defendida y se centraran tan sólo en lo que pudiera contribuir a mostrar su inocencia; a falta de hechos concretos, había que recurrirse y concentrarse en la personalidad del individuo: en todo caso habría de atacarse a la parte contraria (Institutiones oratoriae, 4, 1, 44, cf. bibli. 212,II, p. 255).

10. Los movimientos de las aves y su interpretación como agüero datan en literatura desde los días de Homero; el vuelo y el canto a la derecha o a la izquierda es un motivo muy socorrido entre los poetas griegos y latinos, entre Los clásicos y los medievales. Existen documentos en la Edad Media española en los que se nos habla de las aves que volaban o estaban a la izquierda como anunciadoras de buen agüero. El autor del prólogo trata de impresionar a su público con un fenómeno misterioso, un agüero propicio que trae un ramito de esperanza al héroe en su marcha hacia un destine incierto. Los editores y comentaristas se dividen en la interpretación del agüero de la corneja, si adversa o propicio. Para más amplitud en defensa del agüero propicio, cf. bibli. 140, pp. 54-61; también 145.

14. El atormentado Cid, un tanto esperanzado por el agüero, consuela a su acompaÑante Minaya: <<alégrate de que nos echen de Castilla>>. En el Refranero existen formulaciones de corte semejante a la del Cantar; <<Albricias, madre, que pregonan a mi padre>>. <<Albricias, padre, que el obispo es chantre>>. <<Albricias, alabarderos, que se quema el bálago>>. (León Murciego, Los refranes filosóficos castellanos, Zaragoza, 1962, p. 151). El autor del prólogo se vale de este verso para insinuar que todo iba a salir bien por aquel principio del proverbio consolatorio: <<no hay mal que por bien no venga>>, (este verso y el sentido propicio del agüero es objeto de uno de mis estudios de endocrítica, bibli. 140, pp. 54-61; cf. también 145).

20. Por los caminos de Castilla se conmovieron las aves y enviaron al Cid un ramito de esperanza; por las calles de Burgos se conmueven los humanos y como anunciándole a Minaya su futura misión como medianero entre el Campeador y el rey, expresan sus sentidos deseos: ""­Sí hobiese buen señor!''. En documentos latinos se denomina como buen se or -bonus dominus- arbiter, sic dictus. quod pártibus litigantibus, tanquam bonus dominus utrique consulebat remque inter eos componebat (bibli. 114, p. 702). La definición dada en este latino no debe considerarse irrelevante, pares no difiere de la que en las Siete Partidas se da sobre los "homes buenos", ""que son llamados en latín arbitros, que muestra tanto como judgadores de alvedrío que son escogidos para librar algunt pleyto señalado con otorgamiento de amas las partes'' (p. 3, t. 4, 1.1). El autor sugiere en el prólogo el tema de la intercesión de Minaya, fundamental en el Cantar. Este verso 20 ha merecido la atención de muchos comentarios; hasta el presente el buen señor se ha interpretado, por lo común, como referido al rey Alfonso. Para la defensa de la interpretación aquí dada y revisión de otras más la explicación de la sintaxis, cf. mi obra. bibli. 140. páginas 62-77 (otros estudios monográficos en bibli. 4; 12; 19; 43; 139; 234; 338; 380; también en 21. pp. 37-48: 173: 350).

24. También el Cid más adelante (v. 1956) sellaría las cartas que enviaría al rey. Por otro lado el secretismo del decreto de expulsión conviene contrastarse con la solemnidad del público perdón (v. 2032), que exigiría el Campeador. El autor va trazando las líneas de paralelismo por semejanza o contrariedad. Sobre los usos particulares y oficiales del sello, cf. bibli. 117, p. 264; 348.

27. Este verso y los siguientes contienen una versión de las fórmulas penales de la Edad Media, retenidas aquí en su mayor severidad y sensacionalismo. En los Evangelios se encuentra la expresión perdere animam (Mat. 10, 39; 16, 25; Mar. 8. 35; Luc. 9.24) con el sentido de ""perder la vida''. Más adelante (v. 46) la niña suprimiría la expresión ""perder los cuerpos y las almas''. Berceo, en la Vida de Santo Domingo de Silos, trataba de puntualizar con acierto: Puedes matar el cuerpo, la carne maltraer, ;Mas no as en el alma, rey, ningún poder (Est. 153). Cf bibli. 260, v. 27n; 348.

33. Nótese que por miedo se antepone al verbo habían parado (""qua así lo habían dispuesto por miedo...''); compárese con v. 1081, donde se antepone deslealtança.

40. El autor, para dar relieve a lo que acaba de explicar, lo escenifica en una dramatización del viejo tópico literario puersenex. La tierna niña que se conduce como mujer madura, cuenta con ilustres precedentes en Estacio (Silvae 2. 6, 48-49) y Plinio (Epistalae 5, 16, 2), a los que puede añadirse el evangelio apócrifo del Pseudo-Mateo ( Vangeli apocrifi. ed. P.G. Bonaccorsi, Florencia, 1948. p. 166). Bibli. 81. pp. 98-101. 103 sts: 140, pp. 78-84.

41. En el Cantar, se bendice con mucha frecuencia la hora en que nació el Cid, ""el que en buen hora nació'', con ligeras variaciones firulísticas; sería pensar que se bendice la hora en que el Cid nació a su misión de héroe, con lo que esta bendición equivale a la otra: ""en buen hora cinxiste espada'', con sus ligeras modificaciones. El autor de Juglaría, se dijo, quiere esconderse en sus personajes; véase cómo esa técnica le lleva a poner el epíteto en boca del personaje, primer, después en la del cronista, de quien el autor se vale para sus comentarios: compárese la niña; en buen hora cinxiestes espada (v. 41), Cronista: en buen hora fuestes naçido (v. 71), del que en buen hora nasco (v. 202). Antolínez dijo primero: al Campeador contado (v. 142). más tarde el Cronista: del Campeador contado (v. 152). La primera en destacar la barba del Cid fue dona Jimena: barba tan cumplida (v. 268), de manera que el Cronista pudo decir luego: en la su barba bellida (v. 274).

45-46. El Cronista explicó al público el decreto del rey: ¨cómo hacer llegar la noticia al personaje del interior? Surge la niña de nueve años --que le recordaría al Cid sus propias hijas-- en un episodio esencial a la trama. ¨Quién mejor que el Cid comprendería lo que fuera perder los haberes y las casas? El acababa de perder los suyos.

55. El Cid paró primero en la villa (v. 56) de Arlanzón pero, al no acogerle nadie en casa (v. 59), se vio obligado a acampar en la glera. Los editores (Bello, Menéndez Pidal, Michael, Smith) prefieren corregir el Ms., eliminan en y cambian posaua a passaua, con el fin de hacer el pasaje históricamente creíble, pues ""el pueblo de Arlanzón, a 18 km. al E. de Burgos, resulta demasiado lejano si tenemos en cuenta las idas y venidas que van a producirse durante las negociaciones con los prestamistas'', razonaba 1. Michael (bibli. 270, p. 315). Este mismo editor, al comentar el v. 187, no comprendía cómo Martín Antolínez necesitó de cinco escuderos para transportar 600 monedas (unos 28 kg. cada uno). ­Eran 18 km.! Es mejor no tocar el Ms., como prefiere Lidforss en este case, y es por lo que se aboga universalmente en esta edición.

57. Con frecuencia hemos de llamar la atención del lector al uso de la figura retórica histerología. que se da cuando el orden de los conceptos expresados no se corresponde o es inverso al orden natural de los sucesos; en las retóricas suele citarse el ejemplo clásico de Virgilio: moriamur et in arma ruamus (Eneida 2, 353. ""muramos y lancémonos a las armas''). Otros ejemplos, vv. 1050, 1842. 2282. 3145 (cf. bibli. 212, TT, p. 282).

135. Martín Antolínez consideraba la cantidad poco (V. 133); Raquel y Vidas, por lo que sigue, se mostraron de acuerdo: Menéndez Pidal lo llamó ""pequeño préstamo'' (bibli. 260, p. 30). No obstante, I. Michael dice que la cantidad ""parece extraordinariamente grande para la época'' (bibli. 270. v. 161n). La verdad es que tal cantidad, donde hay que juzgarla, en su contexto, raya en ridícula. De los 600 marcos daría el Cid 50 al abad (v. 250) y 100 a su esposa (v. 253). Le quedaba, pues, poco para atender a las necesidades de 300 hombres (v. 419). Contrástese con el botín de Castejón (v. 513) y los 3.000 marcos de la quinta del Cid (v. 521). El enfadoso empeño se limitó a lo mínimo para poder subsistir (sobre el significado de los números cf. 88, 1930 también V.F. Hoper, Medieval Number Symbolism; New York, 1938).

139. Se nos indica que Raquel y Vidas eran mercaderes; en las Siete Partidas se llamaba mercaderes a ""todos aquellos que compran cosas con entençión de vender a otri por ganar en ellas'' (p. 5, t. 7, 1.1). Así se explica el interés del autor en retratarnos a Raquel y Vidas como individuos deseosos de ganar (vv. 101, 123, 1:30), deseo que siempre en el Cantar es digno de elogio (bibli. 140, pp. 134 sts: 342, p. 174: 345. p. 58).

150. 150. Evitan el puente con el fin de explorar por dónde pasar el río cuando trajeran las arcas, cosa prohibida según las Siete Partidas, donde se ordenaba transportar las mercancías por ""caminos usados''. ""Et quando [los mercadores] llevaren sus mercadorias de un luger a otro deben ir por los caminos usados, et dar sus derechos de los hobieren a dar'' (p. 5, t.7, l.l ).

169. El canto del gallo es una perífrasis por el amanecer; el poeta sabe enriquecer la imagen con sonidos y coloridos: considérese también sinécdoque, en cuanto que reproduce un pensamiento por media del signo de una cosa (vv. 209, 235, 316, 324. 1701; ct. bibli. 140. pp. 195-7 y 294-5: 212. II. p. 299).

173. Raquel y Vidas se alegraban de las ganancias que les había prometido el Cid (v. 158), y no del contenido de las arcas, pues los bienes empeñados no pasaban en ningún caso a la posesión del empeñero; a éste le estaba prohibido incluso su compra, de ser vendidos en pública subasta (puede consultarse la documentación en mi obra, bibli. 140, pp. 105-7).

180-1. En buena atmósfera de amistad Raquel le ha pedido al Cid le traiga un recuerdo del extranjero: las gentes extrañas (v. 176). El Cid le asegura que así lo hará, anhelando ""ojalá os la pueda traer de allá''. ­Sí vos la aduxiere d'allá! es oración de condicional optativa en futuro de subjuntivo compárese con ""Sí fuerit manus tua mecum'' (­si tu mano estuviere conmigo''! Paralipómeno 4, 10). Si no (os la trajera de allá), contadla sobre las arcas, ""mencionadla al hablar de las arcas''; en otras palabras: ""sí no os trajera la piel, es porque haya yo muerto en aquellas tierras [cosa que no pasaría], en tal caso, al hablar de las arcas mencionaréis cómo todos perdimos: yo las arcas, vosotros la piel''. Otros editores, con Menéndez Pidal, interpretan así el verso este: ""Sí esa piel morisca os la trajera de mi destierro, bien; si no, descontadla del valor de las arcas''. Pero a los mercaderes no les estaría permitido vender las arcas, ni ""contar'' significa ""descontar'', ni Raquel pensaba en dinero; más adelante darían a Martín Antolínez 30 marcos para que se comprara rica piel y buen manto (v. 195).

182. El autor no se detiene a contar el viaje, como hace otras veces, declarándolo explícitamente (v. 1310). La palabra palacio indica que los mercaderes vivían en una rica y amplia mansión.

185. ""Antolínez vio los pesos y los levantaba (casi 70 kg.) como cargo ligera''; sin peso significa ""ligeramente'', un ejemplo de lítotes, figura del énfasis muy del gusto del autor de la primera parte del Cantar; consiste en destacar una idea mediante la negación de lo contrario. Compárese: sin falta: ""fiel'' sin arte: ""lentamente''. Los editores han dado a notolos la acepción de ""contar'' (implicando que Antolínez no se fiaba) y a sin peso la de ""sin pesar en la balanza'' para cerciorarse si las monedas tenían la debida cantidad de oro o plata (implicando que se fiaba). Sobre la lítotes, cf. bibli. 212, II, pp. 87-89.

189. Nótese que a Raquel y Vidas les han tratado con don el Cid (v. 155), el narrador (v. 159) y Martín Antolínez aquí. En los viejos documentos castellanos el ""Don se daba a las personas de alguna excelencia'', según dice Berganza (Antigüedades de España, Madrid, 1719-21, lib. V. cap. 7. p. 370, n. 59). Quiere decir que Raquel y Vidas eran dos personajes dignos de respeto, personajes excelentes (bibli. 140, pp. 92-93: 189, p. 220; 250. I. pp. 311 -2).

197-98. El lenguaje de estos versos está muy cuidado, parece como si Raquel y Vidas no quisieran humillar a Martín Antolínez con los 30 marcos. Antolínez había pedido muy poco: calças (v. 190, hasta tal extremo llegaba la necesidad del Cid y sus vasallos). Raquel y Vidas deciden darle más: treinta marcos (v. 196), y para que Antolínez se los acepte, tratan de convencerle de que merece tal don de ellos -Mereçer nos lo hades- por lo que ha trabajado, y esperan que les diga que sí: --Atorgar nos hedes- que les acepte el don que le han preparado.

211-2. El Cid piensa detenerse tan poco como sea necesario para examinar --mesuraremos--el lugar donde se hospedaba su familia; se alejaría después a prisa antes que se cumpliera el plazo de nueve días que le había fijado el rey. Las Siete Partidas (p. 4; t. 25, 1.10) autorizaban treinta días, pero el autor de Mio Cid quiere destacar la severidad del rey, la humillación del Cid, para que su triunfo final sea más brillante (bibli. 250, II, pp. 757-8).

222. El, es decir, Dios; como al comienzo de la oración, el Cid invoca a la Virgen y a Dios. No se comprende la unanimidad de los editores en considerar El del Ms. como error por e (o ella); con tal corrección los editores empobrecen el original.

230. Martín Antolínez no debía ser vasallo del Cid, sino un voluntario; por irse voluntariamente con el Cid y por ofrecerle alimentos en Burgos, se expuso a que le confiscaran sus propiedades; lo es un neutro sin antecedente pero fácilmente inteligible (v. 3163). Más adelante sabremos que Alvar Yáñez perdió sus propiedades (vv. 886-7).

269. Nótese la figura de sinonimia glosadora, que sirve para precisar el sentido de un vocablo: ifantes= de días chicas; en los otros casos ifantes significa ""miembro de la nobleza''. ¨Podría verse aquí una vaga evocación de sus futuras bodas con los Infantes de Carrión? (cf. bibli. 140, pp. 273-5 y 284).

282-3. Compruébese que en la primera parte del Cantar ninguna de las oraciones resultará frustrada; de aquí que la oración sea como un anuncio de un suceso futuro y un elemento de causa y efecto en la narración. En estos versos, pues, aun en los preámbulos, se nos anuncia que habrá unas venturosas bodas, tema central y culminante de esta parte, y que tras las bodas les quedará vida venturosa, de la que todos juntas podrán disfrutar.

301-3. Compárese este llamamiento del Cid a sus vasallos con el de Jesucristo a sus discípulos: ""Todo el que dejare hermanos o hermanas, o padre o madre, o hijos o campos, por amor de mi nombre, recibirá el céntuplo'' (Mat. 19, 29). Antolínez, como el Cid, había dejado a su mujer (vv. 230-1); otros dejaron casas y honores (v. 289).

319. Se trata de la misa votiva de la Santísima Trinidad que sustituía a la de la fiesta del día; sabemos que ésta fue la misa que dijo don Jerónimo antes de la batalla (v. 2370). El texto de esta misa se presto mucho a una fervorosa homilía a soldados que luchaban contra los moros, especialmente por el evangelio en que se dice: ""Euntes ergo docete omnes gentes, baptizantes eos in nomine Patris, et Filii, et Spiritus Sancti'' (cf. bibli. 312, p. 638).

324. Los gallos que oímos en Mio Cid son los de antes del amanecer; mediados, reviste dos connotaciones: entre los primeros y los terceros (suponiendo, por simplificación, que cantaban en tres ocasiones) y ""en mitad del canto, entre los quiquiriquíes'', con lo que la imagen se enriquece de ruidos y prisas. Nótese que al autor de la primera parte le gusto explotar el efecto de los ruidos: alaridos, atamores, esquilas, pregones, tañer, tremor. Al canto de los gallos se suma el repique de campanas ( v. 325) y el coro de la misa (v. 1702). Cf. bibli. 140, pp. 163, n.8.

347. Valdría pensar que el autor (o escriba) se distrajo y escribió Calvarie por Oliveti (o Getsemaní), donde tuvo lugar el prendimiento; de ser así se lograría equilibrar este verso con el siguiente con (,) al final, suprimiendo el (;) tras prender.

358. El autor castellano no podía admitir que los santos resucitaran antes que Jesucristo, ya que éste es primitiae durmientium (1 Cor. 15, 20). El autor, pues, está de acuerdo con la común opinión de los exégetas que comentan el pasaje de Mateo 27, 51-3; tanto el evangelista como el Credo parecen indicar que los santos resucitaron antes que el Señor: ""descendió a los infiernos, al tercer día resucitó''. Sobre esta oración de doña Jimena cf. bibli. 30, pp. 214-6, pp. 34-37; 185, p. 275.

398. Editores y comentaristas han manipulado y trastocado estos versos con el fin de hacer el texto históricamente creíble, cf. bibli. 76, pp. 85-87: 270. p. 106-7.

421. La prisa del Cid se demuestra en ese mandato a montar en los caballos a todos, los que quisieran comer y los que no (aquéllos, que comieran sobre los caballos). Otros editores pretenden dar a entender que el Cid mandó caminar tan sólo a los que no querían comer: ­un poco raro!

440-3. Nótese el zeugma complejo en estos versos paralelos. 440 y 443: en el se omite el elemento verbal opuesto -""fincad''- al expresado en el otro -idvos; compárese con vv. 832-3. 836-7. En estos dos pasajes los editores, olvidados de la figura poética, creyeron la omisión descuido o laguna (sobre el zeugma, cf. bibli. 212, II. pp. 151sts; más sobre el episodio en 178; 373).

503-4. La sintaxis de estos versos es un tanto enrevesada, y es porque el autor quiere anunciar, pero de manera oscura, la cercana misión de Minaya como intercesor del Cid ante el rey. Minaya espera hallarse algún día en batalla de mayor importancia y más rico botín; no aceptaría ni un centavo. ya que -pues que- su único interés era que el Cid ganara par mediación suya lo que de veras valía algo (la amistad del rey). Minaya, tan pronto se vio con algunas ganancias, pensó en lo que se preciaría el rey (v. 495). Antolínez había dicho que lo demás, sin la amistad del rey, no lo preciaba un figo (v. 77); en el v. 475 los caballeros le ofrecen todo al Cid, todo esto no precian nada.

508. Pensó el Cid que al rey se le acercarían sus hombres (del rey), con quejas sobre él y que le mandaría buscar. Recuérdese que el Cid echó la culpa de su destierro a los hombres del rey, sus enemigos males, los que sigue temiendo que de nuevo se acerquen al monarca con nuevas acusaciones e intrigas.

511. "los": sobrentiéndase ""quiñones''. Compárese este zeugma con el del v. 2950 (cf. nota).

513. Contrástese el valor del botín, más de 50.000 marcos de plata, con los 600 pedidos a Raquel y Vidas; demuestra claramente que el Cid pidió a sus amigos una cantidad lo más pequeña posible (cf. 134 n.), sin intención de aprovecharse y abusar de la confianza de los buenos mercaderes.

520. Entiéndase que la quinta que el Cid vende es la constituida por los moros y moras, no las otras cosas, esta quinta, (v. 510); el Cid quería que los que se los compraran salieran ganando en el trato. Muy pronto el autor quiere dar señales del desinterés del Cid, incluso en los tratos con sus enemigos.

527. Algún día, algún otro editor dará un paso ulterior y editará el Cantar con acotaciones escénicas; de hacerlo así, indicará que este verso con el siguiente es un aparte del Cid, reflexionando. Pero en fin, así nos lo ha indicado el propio Cronista tres versos más arriba: Asmó mio Cid (v. 524). En el v. 259 es cuando el Cid se dirige en voz alto a los suyos. Sobre las direcciones de escena en las referencias a los gestos y la mímica, han hablado ya los comentaristas, cf. bibli. 88, pp. 118-19: 173; 387, pp. 177-80.

534. Siguen las señales de compasión del Cid hacia los vencidos, para que hablen bien de él; estos moros debieron ser los refugiados en el Castillo, distintos de los que vendió antes; véase, cómo el Cid logró su propósito en v. 541.

551. Para los problemas de topografía que el pasaje presenta, y la controversia entre los comentaristas. cf. bibli. 76; 270. pp. 118-9.

567-8. no se treven ganar tanto, es otro buen ejemplo de lítotes. (camp. vv. 50, 882, 1097, 3202); negando que ganaran, se destacan sus pérdidas: ""se resignan a perder''. Este ganar significaba para Menéndez Pidal y Smith, ""labrar la tierra'', para I. Michael, ""pastar el ganado''.

589. a vuelta nadi: ""no volviéndose ninguno hacia los de Alcocer o quedándose atrás nadie''; otros editores cambian el nadi, del Ms. por anda. Contrástese con Vueltos son con ellos... (v. 599).

610. Recuérdase la más famosa de las çeladas bélicas: el caballo de Troya. Examínese el pasaje del Cantar dentro de la tradición literaria de estratagemas. El Cid notó que le iba a ser imposible tomar Alcocer en combate abierto, (v. 574) y planeó una emboscada: desmantelar el campamento y darse a la huida con todo menos una tienda que dejó puesta (v. 576). Los de Alcocer ven la tienda, (v. 582), pero no le dan importancia, pues se ciegan con el deseo de dar alcance al Cid y hacerse de sus riquezas (v. 584); en cualquier caso, ¨por qué temer al pequeño grupo que quedara escondido en la tienda? Se lanzan a galope los alcoceranos y el Cid y sus vasallos aceleran como asustados (vv. 586-7). Cuando el Cid vio que quedaba gran distancia entre los de Alcocer y el castillo, vuelve las riendas con los suyos para atacar a los perseguidores (v. 596). A los suyos les ordena combatir (v. S97). El Cid y Minaya van en cabeza -adelante v. 601- a galope hacia el castillo hasta conseguir colocarse entre los moros y el castillo. Mientras tanto los vasallos luchan valientemente, reforzados ahora por los que habían quedado en çelada, que salían de la tienda dando enormes gritos (v. 606). Los delante, en decir, el Cid y Minaya (quienes adelante aguijaban, v. 601), dejan atrás a moros y vasallos peleando, para apoderarse del castillo; llegados allá, se paraban a la puerta con las espadas desnudas; al poco tiempo llegaron los vasallos tras la victoria: dando grandes alaridos los que están en çelada, expresa circunstancia concomitante con la acción de la matanza especificada en la oración anterior; el sujeto de dando está allí mismo expresado: los que están en çelada (en la tienda), que salieron para atacar a los moros por la retaguardia impidiéndoles el regreso expedite al castillo. C. Smith ha encontrado una feliz semejanza entre este pasaje y uno de los Stratagemata de Frontino (cf. bibli. 273). Esta maniobra táctica se asemeja a otra del mismo Cid, según una de las versiones de Ibn Idhari, tomada de Ibn Alkama, sobre la defensa de Valencia contra los ataques de los almorávides: ""El Cid simula huida, atrayendo tras él el grueso de la caballería musulmana, y se pone al abrigo de las murallas de la ciudad después de haber sufrido algunas pérdidas. Durante este tiempo, los emboscados caen sobre el campo más o menos desguarnecido'' (cf. bibli. 189. p. 81). Para otras interpretaciones cf. bibliografía. 270, v. 576n; 322.

675. Cf. glosa al v. 1685 (y vv. 710, 989, 3367).

710. Compárese con otras formulaciones, según la nota anterior. v. 675.

782. El papel de Minaya como hombre bueno se refleja en su preocupación e interés p0r aplacar al rey; compárese con los vv. 495 sts.

819. Nótese el cambio de actitud en el Cid y Minaya. En el v.491, tras las primeras ganancias, el Cid ofrece a Minaya la quinta; en el v. 811, tras el enorme botín, le dice que tome lo que guste. En aquella primera ocasión Minaya rehusó coger lo más mínimo (v. 503), ahora, una vez que ya tienen qué llevarle al rey, no rehúsa nada y con gusto acepta su embajada.

832-3. Encontramos aquí otro case de zeugma complejo; en el primer miembro (v. 832) se suprime el elemento verbal -""venidnos conseguir''- expreso en su contrario -idnos conseguir (v. 833); comparase con el v. 440 y nota.

836-7. Véase la explicación de la nota anterior (v. 832); en este caso el elemento verbal se halla expreso en el primer miembro del zeugma complejo: fue, elidiéndose en el segundo su opuesto -""fincó''-, cf. v. 440 y nota.

853. Otra vez vemos a los vencidos agradecidos al Cid; compárese con vv. 535 y 541, 620 y 854; en estos ejemplos se prepara el terreno para el episodio próximo del Conde de Barcelona, que terminaría en amistad.

881-4. En la nota al v. 527 se hizo notar el fenómeno de la reflexión en aparte del personaje. Aquí el rey profiere un aparte que Minaya no había de oír. (nótese que el rey advertiría que no le iba a decir nada sobre el Cid, v. 889). Medita el rey ante la súplica de perdón del Cid presentada por Minaya; ""tenerle merced mañana, sería apresurarse demasiado, dada que perdió mi gracia; voy a aceptar el regalo para perdonarle en un futuro algo más distante y por ser de moros; si hubiera sido robado, no lo aceptaría''. En el v. 885, se dirige ya directamente a Minaya. Nótese que cuando Minaya regresara, daría al Cid noticias de la familia, pero no diría nada del rey, siguiendo lo dicho en el v. 889. En el Cantar, mañana y tres días, (v. 1556), en un plazo muy cortísimo; mañana, es el día más cercano posible a hoy. Los plazos más largos se expresan por semanas, meses, años. En las tres semanas pueden verse sugeridas las tres embajadas de Minaya que antecederían al perdón final.

886. ¨Por qué perdona el rey a Minaya y no al Cid? Minaya es el mediador -árbitro de avenencia u hombre bueno, (cf. v. 20n)- entre el Cid y el rey. Como tal, para poder gestionar la reconciliación, habla de gozar de la amistad de ambas partes. Desde ahora podría ir y venir (v. 898) para conseguirle favores al Cid.

904. El [poyo] de río Martín; otros editores piensan de otro manera; Menéndez Pidal y C. Smith, intercalan val, I. Michael traspone el orden; el río de Martín.

960. follón: ""el que dice vanidades'', cosas sin razón ni fundamento; caso de sinonimia glosadora (cf. v. 269n; el episodio del Conde de Barcelona es objeto de uno de mis estudios de endocrítica, bibli. 140, pp. 113 - 132; también cf.273).

963. ¨Fue el Conde herido por un sobrino del Cid o fue que el Cid hirió a un sobrino del Conde? Los estudiosos de la historia en Mio Cid, se decepcionarán aquí también cuando vean que hubo un Ramón Berenguer II, vencido por el Cid, cuyo sobrino casó con la segunda de las hijas de éste. El autor poeta se aproxima la historia para tergiversarla en los episodios más cruciales de su obra.

981. El autor sabe retratarnos a los personajes antagonistas con la debida motivación desde su propio punto de vista: aunque estén equivocados, no son brutos irracionales o fantoches idiotas. ¨Por qué había de creer el Conde al Cid? Desterrado, en quien no confió su propio rey. Como al rey, el Cid había de demostrarle a él su generosidad y su lealdad en su conducta, en sus buenas obras.

984. E1 escritor, hombre de letras, siente a cada paso la necesidad de exculpar al guerrero, hombre de armas, y justificar la guerra; y es que en el fondo a las letras han de repugnarles las armas y de ahí tantos intentos de armonizarlas entre cristianos y entre paganos.

993-4. El autor quiere presentar al ejército del enemigo como numeroso, fuerte y ricamente equipado, con el fin de conferir mayor mérito a la victoria del Cid y más valor al botín; siellas coçeras: ""monturas de rica guarnición'', çinchas amojadas: ""cinchas bien forradas, enmollecidas''. Menéndez Pidal da a coçeras y amojadas significados peyorativos (""que no daban al jinete buen apoyo'' y ""flojas'', respectivamente), como si a ello se debiera la derrota del Conde y no al plan estratégico del Campeador (bibli. 250,11, p. 464, 579-580).

995. El que tuviera el Cid consigo çiento caballeros solamente indica que el ataque del Conde le sorprendió al regreso de alguna de las correrías que hacían divididos en grupos (sabemos que el Cid contaba con bastante más de trescientos hombres. vv. 410, 723, 917).

996-7. El Cid y los suyos se encontraban en el valle (v. 974). Las huestes del Conde eran muy numerosas y venían en caballos bien arreados. Los del Cid les provocarían a lanzarse al ataque sierra abajo, de manera que al herir y derribar los caballos delanteros, los que seguían se tropezaran y atropellaran unos con otros; por eso se dice que de cada uno que hirieran, desmontarían a tres (cl. siguiente nota).