2. Los efectos de que nos produce el Cantar se deben, no a que lo narrado sea verídico o
histórico, sino a ese hacernos mirar y
ver a los personajes y a través de sus ojos las cosas. El
"los" es pronornbre que introduce el consecuente: puertas, uços, alcándaras.
3-5. Nótese lo bien lograda que está la expresión polisindética sin ...sin ...sin ...sin ...sin, para
contrastar la pesada abundancia
con la presente carencia; en el exordio el autor nos presenta un escenario de ausencias sobre las
que resalta la presencia llorosa
del héroe.
7-8. El autor de Juglaría quiere permanecer en el anonimato, y para ello se oculta bajo sus
personajes: aquí confía al personaje
principal el cumplimiento de dos preceptos del buen prólogo: la alusión al estilo de la obra y la
invocación divina. El estilo del
Cantar consistiría, pues, en ""el buen hablar'' -fabló... bien-, es decir, en ajustarse a la retórica
que se definía comúnmente
como ars bene loquendi. Hay más: el estilo del Cantar, como composición en verso, consistiría
también en ""el hablar muy
mesurado'' -fabló...tan mesurado--, es decir, ajustado a una medida y ritmo que lo hicieran apto
para la recitación con
acompañamiento de instrumento musical. En el lenguaje técnico de la métrica latina existe la
nomenclatura aurium mensura,
que podemos ver interpretado en el ""buen sson mesurado'' de que hablaba Alfonso el Sabio en
el Setenario (Buenos Aires,
1945, p. 31). También la invocación divina del proemio es de tipo tradicional, que se remonta
hasta Homero. El lector hará
bien al contrastar este anonimato en que trata de esconderse el autor de Juglaría y su modestia en
los versos simplemente
rítmicos con el relieve personal de un Berceo y enorgullecimiento del autor del Libro de
Alexandre, cuando en la estrofa 2,
expone Los méritos de su arte reaccionario, curse rimado, sílabas contadas, cuaderna vía:
mester trago fermoso/non es de ioglaria
mester es sen peccado/ca es de clerezia
fablar curso rimado/por la quaderna uia
a sillauas cuntadas/ca es grant maestria
La opinión común de los editores y comentaristas hasta ahora ha sido que ""mesurado'' se
refiere al comedimiento
psicológico del Cid. Este verso es objeto de uno de mis estudios de endocrítica, bibli. 140, pp.
43-53; también 40 y 238; sobre
la irregularidad métrica del Cantar en su versión original cantada, cf 155 (más sobre la
irregularidad y la rima 1; 16; 17; 80;
113; 171; 176; 182; 183; 207; 208; 211; 216; 217: 232; 281; 289; 291: 343: 357: 386).
9. Con gran sutilidad, propia del prólogo insinuador, el autor ha predispuesto al público contra los
enemigos. Quintiliano,
orador
y gran preceptista hispano latino, aconsejaba a los oradores (y escritores) que desecharan en el
prólogo todo aquello que de
alguna manera pudiera empañar la imagen de rectitud moral de la persona defendida y se
centraran tan sólo en lo que pudiera
contribuir a mostrar su inocencia; a falta de hechos concretos, había que recurrirse y concentrarse
en la personalidad del
individuo: en todo caso habría de atacarse a la parte contraria (Institutiones oratoriae, 4, 1, 44, cf.
bibli. 212,II, p. 255).
10. Los movimientos de las aves y su interpretación como agüero datan en literatura desde los
días de Homero; el vuelo y el
canto a la derecha o a la izquierda es un motivo muy socorrido entre los poetas griegos y latinos,
entre Los clásicos y los
medievales. Existen documentos en la Edad Media española en los que se nos habla de las aves
que volaban o estaban a la
izquierda como anunciadoras de buen agüero. El autor del prólogo trata de impresionar a su
público con un fenómeno
misterioso, un agüero propicio que trae un ramito de esperanza al héroe en su marcha hacia un
destine incierto. Los editores y
comentaristas se dividen en la interpretación del agüero de la corneja, si adversa o propicio. Para
más amplitud en defensa del
agüero propicio, cf. bibli. 140, pp. 54-61; también 145.
14. El atormentado Cid, un tanto esperanzado por el agüero, consuela a su acompaÑante Minaya:
<<alégrate de que nos echen de Castilla>>. En el Refranero existen formulaciones de corte semejante
a la del Cantar; <<Albricias, madre, que pregonan a mi padre>>. <<Albricias, padre, que el obispo es
chantre>>. <<Albricias, alabarderos, que se quema el bálago>>. (León Murciego, Los refranes
filosóficos castellanos, Zaragoza, 1962, p. 151). El autor del prólogo se vale de este verso para
insinuar que todo iba a salir bien por aquel principio del proverbio consolatorio: <<no hay mal que
por bien no venga>>, (este verso y el sentido propicio del agüero es objeto de uno de mis estudios
de endocrítica, bibli. 140, pp. 54-61; cf. también 145).
20. Por los caminos de Castilla se conmovieron las aves y enviaron al Cid un ramito de esperanza;
por las calles de Burgos se
conmueven los humanos y como anunciándole a Minaya su futura misión como medianero entre el
Campeador y el rey,
expresan sus sentidos deseos: ""Sí hobiese buen señor!''. En documentos latinos se denomina
como buen se or -bonus
dominus- arbiter, sic dictus. quod pártibus litigantibus, tanquam bonus dominus utrique
consulebat remque inter eos
componebat (bibli. 114, p. 702). La definición dada en este latino no debe considerarse
irrelevante, pares no difiere de la que
en las Siete Partidas se da sobre los "homes buenos", ""que son llamados en latín arbitros, que
muestra tanto como
judgadores de alvedrío que son escogidos para librar algunt pleyto señalado con otorgamiento de
amas las partes'' (p. 3, t. 4,
1.1). El autor sugiere en el prólogo el tema de la intercesión de Minaya, fundamental en el Cantar.
Este verso 20 ha merecido
la atención de muchos comentarios; hasta el presente el buen señor se ha interpretado, por lo
común, como referido al rey
Alfonso. Para la defensa de la interpretación aquí dada y revisión de otras más la explicación de la
sintaxis, cf. mi obra. bibli.
140. páginas 62-77 (otros estudios monográficos en bibli. 4; 12; 19; 43; 139; 234; 338; 380;
también en 21. pp. 37-48: 173:
350).
24. También el Cid más adelante (v. 1956) sellaría las cartas que enviaría al rey. Por otro lado el
secretismo del decreto de
expulsión conviene contrastarse con la solemnidad del público perdón (v. 2032), que exigiría el
Campeador. El autor va
trazando las líneas de paralelismo por semejanza o contrariedad. Sobre los usos particulares y
oficiales del sello, cf. bibli. 117,
p. 264; 348.
27. Este verso y los siguientes contienen una versión de las fórmulas penales de la Edad Media,
retenidas aquí en su mayor
severidad y sensacionalismo. En los Evangelios se encuentra la expresión perdere animam (Mat.
10, 39; 16, 25; Mar. 8. 35;
Luc. 9.24) con el sentido de ""perder la vida''. Más adelante (v. 46) la niña suprimiría la
expresión ""perder los cuerpos y
las almas''. Berceo, en la Vida de Santo Domingo de Silos, trataba de puntualizar con acierto:
Puedes matar el cuerpo, la carne maltraer,
;Mas no as en el alma, rey, ningún poder (Est. 153).
Cf bibli. 260, v. 27n; 348.
33. Nótese que por miedo se antepone al verbo habían parado (""qua así lo habían dispuesto por
miedo...''); compárese con
v. 1081, donde se antepone deslealtança.
40. El autor, para dar relieve a lo que acaba de explicar, lo escenifica en una dramatización del
viejo tópico literario puersenex.
La tierna niña que se conduce como mujer madura, cuenta con ilustres precedentes en Estacio
(Silvae 2. 6, 48-49) y Plinio
(Epistalae 5, 16, 2), a los que puede añadirse el evangelio apócrifo del Pseudo-Mateo ( Vangeli
apocrifi. ed. P.G. Bonaccorsi,
Florencia, 1948. p. 166). Bibli. 81. pp. 98-101. 103 sts: 140, pp. 78-84.
41. En el Cantar, se bendice con mucha frecuencia la hora en que nació el Cid, ""el que en buen
hora nació'', con ligeras
variaciones firulísticas; sería pensar que se bendice la hora en que el Cid nació a su misión de
héroe, con lo que esta bendición
equivale a la otra: ""en buen hora cinxiste espada'', con sus ligeras modificaciones. El autor de
Juglaría, se dijo, quiere
esconderse en sus personajes; véase cómo esa técnica le lleva a poner el epíteto en boca del
personaje, primer, después en la
del cronista, de quien el autor se vale para sus comentarios: compárese la niña; en buen hora
cinxiestes espada (v. 41),
Cronista: en buen hora fuestes naçido (v. 71), del que en buen hora nasco (v. 202). Antolínez dijo
primero: al Campeador
contado (v. 142). más tarde el Cronista: del Campeador contado (v. 152). La primera en destacar
la barba del Cid fue dona
Jimena: barba tan cumplida (v. 268), de manera que el Cronista pudo decir luego: en la su barba
bellida (v. 274).
45-46. El Cronista explicó al público el decreto del rey: ¨cómo hacer llegar la noticia al personaje
del interior? Surge la niña de
nueve años --que le recordaría al Cid sus propias hijas-- en un episodio esencial a la trama. ¨Quién
mejor que el Cid
comprendería lo que fuera perder los haberes y las casas? El acababa de perder los suyos.
55. El Cid paró primero en la villa (v. 56) de Arlanzón pero, al no acogerle nadie en casa (v. 59),
se vio obligado a acampar en
la glera. Los editores (Bello, Menéndez Pidal, Michael, Smith) prefieren corregir el Ms., eliminan
en y cambian posaua a
passaua, con el fin de hacer el pasaje históricamente creíble, pues ""el pueblo de Arlanzón, a 18
km. al E. de Burgos, resulta
demasiado lejano si tenemos en cuenta las idas y venidas que van a producirse durante las
negociaciones con los
prestamistas'', razonaba 1. Michael (bibli. 270, p. 315). Este mismo editor, al comentar el v.
187, no comprendía cómo
Martín Antolínez necesitó de cinco escuderos para transportar 600 monedas (unos 28 kg. cada
uno). Eran 18 km.! Es mejor no
tocar el Ms., como prefiere Lidforss en este case, y es por lo que se aboga universalmente en esta
edición.
57. Con frecuencia hemos de llamar la atención del lector al uso de la figura retórica histerología.
que se da cuando el orden de
los conceptos expresados no se corresponde o es inverso al orden natural de los sucesos; en las
retóricas suele citarse el
ejemplo clásico de Virgilio: moriamur et in arma ruamus (Eneida 2, 353. ""muramos y
lancémonos a las armas''). Otros
ejemplos, vv. 1050, 1842. 2282. 3145 (cf. bibli. 212, TT, p. 282).
135. Martín Antolínez consideraba la cantidad poco (V. 133); Raquel y Vidas, por lo que sigue,
se mostraron de acuerdo:
Menéndez Pidal lo llamó ""pequeño préstamo'' (bibli. 260, p. 30). No obstante, I. Michael dice
que la cantidad ""parece
extraordinariamente grande para la época'' (bibli. 270. v. 161n). La verdad es que tal cantidad,
donde hay que juzgarla, en su
contexto, raya en ridícula. De los 600 marcos daría el Cid 50 al abad (v. 250) y 100 a su esposa
(v. 253). Le quedaba, pues,
poco para atender a las necesidades de 300 hombres (v. 419). Contrástese con el botín de
Castejón (v. 513) y los 3.000 marcos
de la quinta del Cid (v. 521). El enfadoso empeño se limitó a lo mínimo para poder subsistir
(sobre el significado de los
números cf. 88, 1930 también V.F. Hoper, Medieval Number Symbolism; New York, 1938).
139. Se nos indica que Raquel y Vidas eran mercaderes; en las Siete Partidas se llamaba
mercaderes a ""todos aquellos que
compran cosas con entençión de vender a otri por ganar en ellas'' (p. 5, t. 7, 1.1). Así se explica
el interés del autor en
retratarnos a Raquel y Vidas como individuos deseosos de ganar (vv. 101, 123, 1:30), deseo que
siempre en el Cantar es digno
de elogio (bibli. 140, pp. 134 sts: 342, p. 174: 345. p. 58).
150.
150. Evitan el puente con el fin de explorar por dónde pasar el río cuando trajeran las arcas, cosa
prohibida según las Siete
Partidas, donde se ordenaba transportar las mercancías por ""caminos usados''. ""Et quando
[los mercadores] llevaren sus
mercadorias de un luger a otro deben ir por los caminos usados, et dar sus derechos de los
hobieren a dar'' (p. 5, t.7, l.l ).
169. El canto del gallo es una perífrasis por el amanecer; el poeta sabe enriquecer la imagen con
sonidos y coloridos:
considérese también sinécdoque, en cuanto que reproduce un pensamiento por media del signo de
una cosa (vv. 209, 235, 316,
324. 1701; ct. bibli. 140. pp. 195-7 y 294-5: 212. II. p. 299).
173. Raquel y Vidas se alegraban de las ganancias que les había prometido el Cid (v. 158), y no
del contenido de las arcas,
pues los bienes empeñados no pasaban en ningún caso a la posesión del empeñero; a éste le estaba
prohibido incluso su
compra, de ser vendidos en pública subasta (puede consultarse la documentación en mi obra, bibli.
140, pp. 105-7).
180-1. En buena atmósfera de amistad Raquel le ha pedido al Cid le traiga un recuerdo del
extranjero: las gentes extrañas (v.
176). El Cid le asegura que así lo hará, anhelando ""ojalá os la pueda traer de allá''. Sí vos la
aduxiere d'allá! es oración de
condicional optativa en futuro de subjuntivo compárese con ""Sí fuerit manus tua mecum'' (si
tu mano estuviere
conmigo''! Paralipómeno 4, 10). Si no (os la trajera de allá), contadla sobre las arcas,
""mencionadla al hablar de las
arcas''; en otras palabras: ""sí no os trajera la piel, es porque haya yo muerto en aquellas tierras
[cosa que no pasaría], en tal
caso, al hablar de las arcas mencionaréis cómo todos perdimos: yo las arcas, vosotros la piel''.
Otros editores, con Menéndez
Pidal, interpretan así el verso este: ""Sí esa piel morisca os la trajera de mi destierro, bien; si no,
descontadla del valor de las
arcas''. Pero a los mercaderes no les estaría permitido vender las arcas, ni ""contar'' significa
""descontar'', ni Raquel
pensaba en dinero; más adelante darían a Martín Antolínez 30 marcos para que se comprara rica
piel y buen manto (v. 195).
182. El autor no se detiene a contar el viaje, como hace otras veces, declarándolo explícitamente
(v. 1310). La palabra palacio
indica que los mercaderes vivían en una rica y amplia mansión.
185. ""Antolínez vio los pesos y los levantaba (casi 70 kg.) como cargo ligera''; sin peso
significa ""ligeramente'', un
ejemplo de lítotes, figura del énfasis muy del gusto del autor de la primera parte del Cantar;
consiste en destacar una idea
mediante la negación de lo contrario. Compárese: sin falta: ""fiel'' sin arte: ""lentamente''.
Los editores han dado a
notolos la acepción de ""contar'' (implicando que Antolínez no se fiaba) y a sin peso la de ""sin
pesar en la balanza'' para
cerciorarse si las monedas tenían la debida cantidad de oro o plata (implicando que se fiaba).
Sobre la lítotes, cf. bibli. 212, II,
pp. 87-89.
189. Nótese que a Raquel y Vidas les han tratado con don el Cid (v. 155), el narrador (v. 159) y
Martín Antolínez aquí. En los
viejos documentos castellanos el ""Don se daba a las personas de alguna excelencia'', según
dice Berganza (Antigüedades
de España, Madrid, 1719-21, lib. V. cap. 7. p. 370, n. 59). Quiere decir que Raquel y Vidas eran
dos personajes dignos de
respeto, personajes excelentes (bibli. 140, pp. 92-93: 189, p. 220; 250. I. pp. 311 -2).
197-98. El lenguaje de estos versos está muy cuidado, parece como si Raquel y Vidas no
quisieran humillar a Martín
Antolínez con los 30 marcos. Antolínez había pedido muy poco: calças (v. 190, hasta tal extremo
llegaba la necesidad del Cid
y sus vasallos). Raquel y Vidas deciden darle más: treinta marcos (v. 196), y para que Antolínez
se los acepte, tratan de
convencerle de que merece tal don de ellos -Mereçer nos lo hades- por lo que ha trabajado, y
esperan que les diga que sí:
--Atorgar nos hedes- que les acepte el don que le han preparado.
211-2. El Cid piensa detenerse tan poco como sea necesario para examinar --mesuraremos--el
lugar donde se hospedaba su
familia; se alejaría después a prisa antes que se cumpliera el plazo de nueve días que le había fijado
el rey. Las Siete Partidas
(p. 4; t. 25, 1.10) autorizaban treinta días, pero el autor de Mio Cid quiere destacar la severidad
del rey, la humillación del Cid,
para que su triunfo final sea más brillante (bibli. 250, II, pp. 757-8).
222. El, es decir, Dios; como al comienzo de la oración, el Cid invoca a la Virgen y a Dios. No se
comprende la unanimidad de
los editores en considerar El del Ms. como error por e (o ella); con tal corrección los editores
empobrecen el original.
230. Martín Antolínez no debía ser vasallo del Cid, sino un voluntario; por irse voluntariamente
con el Cid y por ofrecerle
alimentos en Burgos, se expuso a que le confiscaran sus propiedades; lo es un neutro sin
antecedente pero fácilmente
inteligible (v. 3163). Más adelante sabremos que Alvar Yáñez perdió sus propiedades (vv. 886-7).
269. Nótese la figura de sinonimia glosadora, que sirve para precisar el sentido de un vocablo:
ifantes= de días chicas; en los
otros casos ifantes significa ""miembro de la nobleza''. ¨Podría verse aquí una vaga evocación
de sus futuras bodas con los
Infantes de Carrión? (cf. bibli. 140, pp. 273-5 y 284).
282-3. Compruébese que en la primera parte del Cantar ninguna de las oraciones resultará
frustrada; de aquí que la oración
sea como un anuncio de un suceso futuro y un elemento de causa y efecto en la narración. En
estos versos, pues, aun en los
preámbulos, se nos anuncia que habrá unas venturosas bodas, tema central y culminante de esta
parte, y que tras las bodas les
quedará vida venturosa, de la que todos juntas podrán disfrutar.
301-3. Compárese este llamamiento del Cid a sus vasallos con el de Jesucristo a sus discípulos:
""Todo el que dejare
hermanos o hermanas, o padre o madre, o hijos o campos, por amor de mi nombre, recibirá el
céntuplo'' (Mat. 19, 29).
Antolínez, como el Cid, había dejado a su mujer (vv. 230-1); otros dejaron casas y honores (v.
289).
319. Se trata de la misa votiva de la Santísima Trinidad que sustituía a la de la fiesta del día;
sabemos que ésta fue la misa que
dijo don Jerónimo antes de la batalla (v. 2370). El texto de esta misa se presto mucho a una
fervorosa homilía a soldados que
luchaban contra los moros, especialmente por el evangelio en que se dice: ""Euntes ergo docete
omnes gentes, baptizantes
eos in nomine Patris, et Filii, et Spiritus Sancti'' (cf. bibli. 312, p. 638).
324. Los gallos que oímos en Mio Cid son los de antes del amanecer; mediados, reviste dos
connotaciones: entre los primeros
y los terceros (suponiendo, por simplificación, que cantaban en tres ocasiones) y ""en mitad del
canto, entre los
quiquiriquíes'', con lo que la imagen se enriquece de ruidos y prisas. Nótese que al autor de la
primera parte le gusto explotar
el efecto de los ruidos: alaridos, atamores, esquilas, pregones, tañer, tremor. Al canto de los
gallos se suma el repique de
campanas ( v. 325) y el coro de la misa (v. 1702). Cf. bibli. 140, pp. 163, n.8.
347. Valdría pensar que el autor (o escriba) se distrajo y escribió Calvarie por Oliveti (o
Getsemaní), donde tuvo lugar el
prendimiento; de ser así se lograría equilibrar este verso con el siguiente con (,) al final,
suprimiendo el (;) tras prender.
358. El autor castellano no podía admitir que los santos resucitaran antes que Jesucristo, ya que
éste es primitiae durmientium
(1 Cor. 15, 20). El autor, pues, está de acuerdo con la común opinión de los exégetas que
comentan el pasaje de Mateo 27,
51-3; tanto el evangelista como el Credo parecen indicar que los santos resucitaron antes que el
Señor: ""descendió a los
infiernos, al tercer día resucitó''. Sobre esta oración de doña Jimena cf. bibli. 30, pp. 214-6, pp.
34-37; 185, p. 275.
398. Editores y comentaristas han manipulado y trastocado estos versos con el fin de hacer el
texto históricamente creíble, cf.
bibli. 76, pp. 85-87: 270. p. 106-7.
421. La prisa del Cid se demuestra en ese mandato a montar en los caballos a todos, los que
quisieran comer y los que no
(aquéllos, que comieran sobre los caballos). Otros editores pretenden dar a entender que el Cid
mandó caminar tan sólo a los
que no querían comer: un poco raro!
440-3. Nótese el zeugma complejo en estos versos paralelos. 440 y 443: en el se omite el
elemento verbal opuesto
-""fincad''- al expresado en el otro -idvos; compárese con vv. 832-3. 836-7. En estos dos
pasajes los editores, olvidados de la
figura poética, creyeron la omisión descuido o laguna (sobre el zeugma, cf. bibli. 212, II. pp.
151sts; más sobre el episodio en
178; 373).
503-4. La sintaxis de estos versos es un tanto enrevesada, y es porque el autor quiere anunciar,
pero de manera oscura, la
cercana misión de Minaya como intercesor del Cid ante el rey. Minaya espera hallarse algún día en
batalla de mayor
importancia y más rico botín; no aceptaría ni un centavo. ya que -pues que- su único interés era
que el Cid ganara par
mediación suya lo que de veras valía algo (la amistad del rey). Minaya, tan pronto se vio con
algunas ganancias, pensó en lo
que se preciaría el rey (v. 495). Antolínez había dicho que lo demás, sin la amistad del rey, no lo
preciaba un figo (v. 77); en el
v. 475 los caballeros le ofrecen todo al Cid, todo esto no precian nada.
508. Pensó el Cid que al rey se le acercarían sus hombres (del rey), con quejas sobre él y que le
mandaría buscar. Recuérdese
que el Cid echó la culpa de su destierro a los hombres del rey, sus enemigos males, los que sigue
temiendo que de nuevo se
acerquen al monarca con nuevas acusaciones e intrigas.
511. "los": sobrentiéndase ""quiñones''. Compárese este zeugma con el del v. 2950 (cf. nota).
513. Contrástese el valor del botín, más de 50.000 marcos de plata, con los 600 pedidos a Raquel
y Vidas; demuestra
claramente que el Cid pidió a sus amigos una cantidad lo más pequeña posible (cf. 134 n.), sin
intención de aprovecharse y
abusar de la confianza de los buenos mercaderes.
520. Entiéndase que la quinta que el Cid vende es la constituida por los moros y moras, no las
otras cosas, esta quinta, (v.
510); el Cid quería que los que se los compraran salieran ganando en el trato. Muy pronto el autor
quiere dar señales del
desinterés del Cid, incluso en los tratos con sus enemigos.
527. Algún día, algún otro editor dará un paso ulterior y editará el Cantar con acotaciones
escénicas; de hacerlo así, indicará
que este verso con el siguiente es un aparte del Cid, reflexionando. Pero en fin, así nos lo ha
indicado el propio Cronista tres
versos más arriba: Asmó mio Cid (v. 524). En el v. 259 es cuando el Cid se dirige en voz alto a
los suyos. Sobre las direcciones
de escena en las referencias a los gestos y la mímica, han hablado ya los comentaristas, cf. bibli.
88, pp. 118-19: 173; 387, pp.
177-80.
534. Siguen las señales de compasión del Cid hacia los vencidos, para que hablen bien de él; estos
moros debieron ser los
refugiados en el Castillo, distintos de los que vendió antes; véase, cómo el Cid logró su propósito
en v. 541.
551. Para los problemas de topografía que el pasaje presenta, y la controversia entre los
comentaristas. cf. bibli. 76; 270. pp.
118-9.
567-8. no se treven ganar tanto, es otro buen ejemplo de lítotes. (camp. vv. 50, 882, 1097, 3202);
negando que ganaran, se
destacan sus pérdidas: ""se resignan a perder''. Este ganar significaba para Menéndez Pidal y
Smith, ""labrar la tierra'',
para I. Michael, ""pastar el ganado''.
589. a vuelta nadi: ""no volviéndose ninguno hacia los de Alcocer o quedándose atrás nadie'';
otros editores cambian el
nadi, del Ms. por anda. Contrástese con Vueltos son con ellos... (v. 599).
610. Recuérdase la más famosa de las çeladas bélicas: el caballo de Troya. Examínese el pasaje del
Cantar dentro de la
tradición literaria de estratagemas. El Cid notó que le iba a ser imposible tomar Alcocer en
combate abierto, (v. 574) y planeó
una emboscada: desmantelar el campamento y darse a la huida con todo menos una tienda que
dejó puesta (v. 576). Los de
Alcocer ven la tienda, (v. 582), pero no le dan importancia, pues se ciegan con el deseo de dar
alcance al Cid y hacerse de sus
riquezas (v. 584); en cualquier caso, ¨por qué temer al pequeño grupo que quedara escondido en
la tienda? Se lanzan a galope
los alcoceranos y el Cid y sus vasallos aceleran como asustados (vv. 586-7). Cuando el Cid vio
que quedaba gran distancia
entre los de Alcocer y el castillo, vuelve las riendas con los suyos para atacar a los perseguidores
(v. 596). A los suyos les
ordena combatir (v. S97). El Cid y Minaya van en cabeza -adelante v. 601- a galope hacia el
castillo hasta conseguir colocarse
entre los moros y el castillo. Mientras tanto los vasallos luchan valientemente, reforzados ahora
por los que habían quedado en
çelada, que salían de la tienda dando enormes gritos (v. 606). Los delante, en decir, el Cid y
Minaya (quienes adelante
aguijaban, v. 601), dejan atrás a moros y vasallos peleando, para apoderarse del castillo; llegados
allá, se paraban a la puerta
con las espadas desnudas; al poco tiempo llegaron los vasallos tras la victoria: dando grandes
alaridos los que están en
çelada, expresa circunstancia concomitante con la acción de la matanza especificada en la oración
anterior; el sujeto de dando
está allí mismo expresado: los que están en çelada (en la tienda), que salieron para atacar a los
moros por la retaguardia
impidiéndoles el regreso expedite al castillo. C. Smith ha encontrado una feliz semejanza entre
este pasaje y uno de los
Stratagemata de Frontino (cf. bibli. 273). Esta maniobra táctica se asemeja a otra del mismo Cid,
según una de las versiones
de Ibn Idhari, tomada de Ibn Alkama, sobre la defensa de Valencia contra los ataques de los
almorávides:
""El Cid simula huida, atrayendo tras él el grueso de la caballería musulmana, y se pone al abrigo
de las murallas de la ciudad
después de haber sufrido algunas pérdidas. Durante este tiempo, los emboscados caen sobre el
campo más o menos
desguarnecido'' (cf. bibli. 189. p. 81). Para otras interpretaciones cf. bibliografía. 270, v. 576n;
322.
675. Cf. glosa al v. 1685 (y vv. 710, 989, 3367).
710. Compárese con otras formulaciones, según la nota anterior. v. 675.
782. El papel de Minaya como hombre bueno se refleja en su preocupación e interés p0r aplacar
al rey; compárese con los vv.
495 sts.
819. Nótese el cambio de actitud en el Cid y Minaya. En el v.491, tras las primeras ganancias, el
Cid ofrece a Minaya la
quinta; en el v. 811, tras el enorme botín, le dice que tome lo que guste. En aquella primera
ocasión Minaya rehusó coger lo
más mínimo (v. 503), ahora, una vez que ya tienen qué llevarle al rey, no rehúsa nada y con gusto
acepta su embajada.
832-3. Encontramos aquí otro case de zeugma complejo; en el primer miembro (v. 832) se
suprime el elemento verbal
-""venidnos conseguir''- expreso en su contrario -idnos conseguir (v. 833); comparase con el v.
440 y nota.
836-7. Véase la explicación de la nota anterior (v. 832); en este caso el elemento verbal se halla
expreso en el primer miembro
del zeugma complejo: fue, elidiéndose en el segundo su opuesto -""fincó''-, cf. v. 440 y nota.
853. Otra vez vemos a los vencidos agradecidos al Cid; compárese con vv. 535 y 541, 620 y 854;
en estos ejemplos se prepara
el terreno para el episodio próximo del Conde de Barcelona, que terminaría en amistad.
881-4. En la nota al v. 527 se hizo notar el fenómeno de la reflexión en aparte del personaje. Aquí
el rey profiere un aparte que
Minaya no había de oír. (nótese que el rey advertiría que no le iba a decir nada sobre el Cid, v.
889). Medita el rey ante la
súplica de perdón del Cid presentada por Minaya; ""tenerle merced mañana, sería apresurarse
demasiado, dada que perdió mi
gracia; voy a aceptar el regalo para perdonarle en un futuro algo más distante y por ser de moros;
si hubiera sido robado, no lo
aceptaría''. En el v. 885, se dirige ya directamente a Minaya. Nótese que cuando Minaya
regresara, daría al Cid noticias de la
familia, pero no diría nada del rey, siguiendo lo dicho en el v. 889. En el Cantar, mañana y tres
días, (v. 1556), en un plazo
muy cortísimo; mañana, es el día más cercano posible a hoy. Los plazos más largos se expresan
por semanas, meses, años. En
las tres semanas pueden verse sugeridas las tres embajadas de Minaya que antecederían al perdón
final.
886. ¨Por qué perdona el rey a Minaya y no al Cid? Minaya es el mediador -árbitro de avenencia u
hombre bueno, (cf. v. 20n)-
entre el Cid y el rey. Como tal, para poder gestionar la reconciliación, habla de gozar de la
amistad de ambas partes. Desde
ahora podría ir y venir (v. 898) para conseguirle favores al Cid.
904. El [poyo] de río Martín; otros editores piensan de otro manera; Menéndez Pidal y C. Smith,
intercalan val, I. Michael
traspone el orden; el río de Martín.
960. follón: ""el que dice vanidades'', cosas sin razón ni fundamento; caso de sinonimia
glosadora (cf. v. 269n; el episodio
del Conde de Barcelona es objeto de uno de mis estudios de endocrítica, bibli. 140, pp. 113 - 132;
también cf.273).
963. ¨Fue el Conde herido por un sobrino del Cid o fue que el Cid hirió a un sobrino del Conde?
Los estudiosos de la historia
en Mio Cid, se decepcionarán aquí también cuando vean que hubo un Ramón Berenguer II,
vencido por el Cid, cuyo sobrino
casó con la segunda de las hijas de éste. El autor poeta se aproxima la historia para tergiversarla
en los episodios más cruciales
de su obra.
981. El autor sabe retratarnos a los personajes antagonistas con la debida motivación desde su
propio punto de vista: aunque
estén equivocados, no son brutos irracionales o fantoches idiotas. ¨Por qué había de creer el
Conde al Cid? Desterrado, en
quien no confió su propio rey. Como al rey, el Cid había de demostrarle a él su generosidad y su
lealdad en su conducta, en sus
buenas obras.
984. E1 escritor, hombre de letras, siente a cada paso la necesidad de exculpar al guerrero,
hombre de armas, y justificar la
guerra; y es que en el fondo a las letras han de repugnarles las armas y de ahí tantos intentos de
armonizarlas entre cristianos y
entre paganos.
993-4. El autor quiere presentar al ejército del enemigo como numeroso, fuerte y ricamente
equipado, con el fin de conferir
mayor mérito a la victoria del Cid y más valor al botín; siellas coçeras: ""monturas de rica
guarnición'', çinchas amojadas:
""cinchas bien forradas, enmollecidas''. Menéndez Pidal da a coçeras y amojadas significados
peyorativos (""que no daban
al jinete buen apoyo'' y ""flojas'', respectivamente), como si a ello se debiera la derrota del
Conde y no al plan estratégico
del Campeador (bibli. 250,11, p. 464, 579-580).
995. El que tuviera el Cid consigo çiento caballeros solamente indica que el ataque del Conde le
sorprendió al regreso de
alguna de las correrías que hacían divididos en grupos (sabemos que el Cid contaba con bastante
más de trescientos hombres.
vv. 410, 723, 917).
996-7. El Cid y los suyos se encontraban en el valle (v. 974). Las huestes del Conde eran muy
numerosas y venían en caballos
bien arreados. Los del Cid les provocarían a lanzarse al ataque sierra abajo, de manera que al herir
y derribar los caballos
delanteros, los que seguían se tropezaran y atropellaran unos con otros; por eso se dice que de
cada uno que hirieran,
desmontarían a tres (cl. siguiente nota).