José Hernández (1834-1886)
LA VUELTA DE MARTIN FIERRO
Capítulo 1
Atención pido al silencio Y
silencio a la atención, Que voy en esta ocasión, Si me ayuda la memoria,
A mostrarles que a mi historia Le faltaba lo mejor.
Viene uno
como dormido Cuando vuelve del desierto; Veré si a esplicarme acierto
Entre gente tan bizzarra Y si al sentir la guitarra De mi sueño me
despierto.
Siento que mi pecho tiembla, Que se turba mi razón, Y
de la viguela al son Imploro a la alma de un sabio Que venga a mover mi
labio Y alentar mi corazón
Si no llego a treinta y una De fijo
en treinta me planto, Y esta confianza adelanto Porque recibí en mi
mismo, Con el agua del bautismo, La facultá para el canto.
Tanto
el pobre como el rico La razón me la han de dar; Y si llegan a escuchar
Lo que esplicaré a mi modo, Digo que no han de rair todos: Algunos
han de llorar.
Mucho tiene que contar El que tuvo que sufrir, Y
empezaré por pedir No duden de cuanto digo; Pues debe creerse al testigo
Si no pagan por mentir.
Gracias le doy a la virgen, Gracias le
doy al señor, Porque entre tanto rigor Y habiendo perdido tanto, No
perdí mi amor al canto Ni mi voz como cantor.
Que cante todo
viviente Otorgó el Eterno Padre; Cante todo el que le cuadre Como lo
hacemos los dos Pues sólo no tiene voz El ser que no tiene sangre.
Canta el pueblero... y es pueta; Canta el gaucho... y, !ay Jesús!,
Lo miran como avestruz, Su inorancia los asombra; Mas siempre sirven
las sombras Para distinguir la luz.
El campo es del inorante, El
pueblo del hombre estruido; Yo que en el campo he nacido Digo que mis
cantos son Para los unos... sonidos, Y para otros... intención.
Yo he conocido cantores Que era un gusto el escuchar; Mas no
quieren opinar Y se divierten cantando; Pero yo canto opinando, Que
es mi modo de cantar.
El que va por esta senda Cuanto sabe
desembucha, Y aunque mi cencia no es mucha, Esto en mi favor previene;
Yo se el corazón que tiene El que con gusto me escucha.
Lo que
pinta este pincel Ni el tiempo lo ha de borrar; Ninguno se ha de animar
A corregirme la plana; No pinta quien tiene gana Sino quien sabe
pintar.
Y no piensen los oyentes Que del saber hago alarde; He
conocido aunque tarde, Sin haberme arrepentido, Que es pecado cometido
El decir ciertas verdades.
Pero voy en mi camino Y nada me
ladiará; He de decir la verdá; De naides soy adulón; Aqui no hay
imitación; Esta es pura realidá.
Y el que me quiera enmendar
Mucho tiene que saber; Tiene mucho que aprender El que me sepa
escuchar; Tiene mucho que rumiar El que me quiera entender.
Más
que yo y cuantos me oigan, Más que las cosas que tratan, Más que los que
ellos relatan, Mis cantos han de durar; Mucho ha habido que mascar
Para echar esta bravata.
Brotan quejas de mi pecho, Brota un
lamento sentido; Y es tanto lo que he sufrido Y males de tal tamaño
Que reto a todos los años A que traigan el olvido.
Ya verán si
me despierto Cómo se compone el baile; Y no se sorprenda naides Si
mayor fuego me anima; Porque quiero alzar la prima Como pa tocar al
aire.
Y con la cuerda tirante Dende que ese tono elija, Yo no he
de aflojar manija Mientras que la voz no pierda, Si no se corta la
cuerda O no cede la clavija.
Aunque rompí el estrumento Por no
volverme a tentar, Tengo tanto que contar Y cosas de tal calibre,
Que Dios quiera que se libre El que me enseñó a templar
De
naides sigo el ejemplo, Naides a dirigirme viene; Yo digo cuanto
conviene, Y el que en tal güeya se planta, debe cantar, cuando canta,
Con toda la voz que tiene
He visto rodar la bola Y no se quiere
parar; Al fin de tanto rodar Me he decidido a venir A ver si puedo
vivir Y me dejan trabajar.
Sé dirigir la mansera Y tambien echar
un pial; Sé correr en un rodeo, Trabajar en un corral; Me se sentar
en un pértigo Lo mesmo que en un bagual
Y enpriéstenmé su atención
Si ansí me quieren honrar De no, tendré que callar, Pues el pájaro
cantor Jamás se para de cantar En árbol que no da flor
Hay
trapitos que golpiar Y de aquí no me levanto; Si quieren que desembuche:
Tengo que decirles tanto Que les mando que me escuchen.
Déjenmé
tomar un trago: Estas son otras cuarenta Mi garganta esta sedienta,
Y de esto no me abochorno, Pues el viejo, como el horno, Por la boca
se calienta.
| | |