Acto primero



Tirso de Molina (1583?-1648)

LA VILLANA DE VALLECAS



Personas que hablan en ella:
  • Don VICENTE
  • Don GABRIEL
  • Don PEDRO
  • Don GOMEZ
  • Don LUIS
  • Doña SERAFINA
  • Doña VIOLANTE
  • POLONIA, criada
  • CORNEJO, criado
  • AGUADO, criado
  • LUZON, criado
  • BLAS Serrano, viejo.
  • Un ALGUACIL
  • MATEO, mozo de mulas.
  • VALDIVIESO
  • Un HUESPED
  • Un CRIADO


ACTO PRIMERO

Salen Don VICENTE y LUZON

VICENTE:          Llama, Luzón, a mi hermana.
LUZON:      Según venimos de tarde,
   pues ya asoma la mañana,
   cansada de que te aguarde
   la doncella a la ventana, 5
   o el esclavo a la escalera,
   se habrán echado a dormir.
VICENTE:      Jugué y perdí.
               Esta primera
   nos tiene de consumir
   bolsa y vida.    Sales fuera 10
   de casa al anochecer,
   mudándote hasta las cintas,
   y, como estás sin mujer,
   ya a la polla, ya a las pintas,
   damos los dos en perder, 15
   yo, paciencia, y tú, dinero.
   Volvémonos a cenar
   cuando sale el jornalero,
   segunda vez, a almorzar.
   Llamando al alba el lucero, 20
   aguárdate mi señora,
   que, en fe de lo que te ama,
   sin ti lo que es sueño ignora,
   dando treguas a la cama
   y nieve a la cantimplora. 25
   Entras con llave maestra,
   cenas a las dos o tres,
   duermes hasta que el sol muestra
   el cahiz al reloj que es
   tasa de la vida nuestra. 30
   Si la campana te avisa
   de nuestra iglesia mayor,
   cuando es fiesta, oyes de prisa
   a un clérigo cazador,
   que dice en guarismo misa. 35
   Hincas encima del guante
   una rodilla, y sobre él
   más que rezador, mirante,
   volatines de un coredel
   pasan cuentas cada instante; 40
   que, de oraciones vacías
   como cuentas las llamaron
   la dan, por no estar baldías
   más de las damas que entraron,
   que de las Ave-Marías. 45
   Oyes a don Juan mentiras;
   mientras alza el sacerdote,
   a doña Brígida miras;
   si te dio cara, picóte;
   si no te la dio, suspiras; 50
   y apenas la bendición
   con el Ite, missa est
   da fin a la devoción,
   cuando salís dos o tres,
   y, en buena conversación 55
   el portazgo o alcabala
   cobrando de cada una,
   la murmuración señala
   si es doña Inés importuna,
   si doña Clara regala, 60
   si se afeita doña Elena,
   si ésta sale bien vestida,
   si estotra es blanca o morena.
   ¡ Mira tú si es esta vida
   para un Flos Sanctorum buena ! 65
VICENTE:      Lo que se usa, no se escusa.
   Eso se usa. Llama ahora.
LUZON:               De perdidos es tu escusa.
   ¡ legue a Dios que mi señora
   nos dé una vez garatusa ! 70
   Abre, pues que tienes llave.
VICENTE:      ¿ De qué sirve, si despierta
   me espera, y que vengo sabe ?
LUZON:      Oye: abierta está esta puerta.
   Para tan honesta, grave, 75
   y amiga de estar cerrada,
   mucho es que a tal hora tenga
   patente en la calle entrada,
   para que cualquiera venga.
VICENTE:      Serán de alguna criada 80
   descuidos, o habrá sentido
   que venimos. Entra allá.

Vase LUZON

   Casa sin padre o marido
   es fortaleza que está
   sin alcalde apercebido. 85
   Quedando por cuenta mía
   mi hermana doña Violante,
   mucho mi descuido fía
   del natural inconstante
   de una mujer, que podría 90
   abrir puerta a la ocasión
   con la que le da mí juego.
   Hechizos los naipes son;
   que poco hay de juego a fuego.
   ¡ Encantada ocupación 95
   es la de un tahur !    ¡ Qué olvido
   en todos causa el jugar !
   Decía un bien entendido
   que no hay honra que fiar
   en el jugador marido. 100
   Más que amor el juego abrasa,
   porque aquél mira el honor,
   cuyos límites no pasa;
   pero ¿    cuándo el jugador
   tuvo cuenta con su casa ? 105
   A ver en mí mismo vengo
   la experiencia de esto llana;
   y, si enmiendas no prevengo,
   es por ser cierta en mi hermana
   la satisfacción. que tengo. 110

Sale LUZON

LUZON:      Todos duermen en Zamora;
   sólo no he podido hallar
   a tu hermana y mi señora,
   y dame que sospechar
   la puerta abierta a tal hora, 115
   y el hallar este papel
   para ti sobre la mesa.
VICENTE:      ¿ Qué dices ?
LUZON:                        No sé; por él
   podrás ver si, en esta impresa,
   de desafío es cartel 120
   contra tu poco cuidado.
VICENTE:      Letra es de doña Violante.
LUZON:      Por la pinta la has sacado.
   Brujulea, que adelante
   verás qué juego te ha entrado. 125

Lee

VICENTE:      "El poco cuidado, hermano mío,
   que los dos hemos tenido, tú con
   tu casa y yo con mi honra, ha dado
   ocasión para que de entrambas falte
   la prenda de más estima.    Mientras 130
   tú jugabas dineros, perdí yo lo que
   no se adquiere con ellos.    Un don
   Pedro de Mendoza, forastero en
   Valencia, pagó en palabras de
   casamiento obras de voluntad. 135
   Huyendo se va, y dice quien le
   encontró, que camino de Castilla;
   y yo de un monasterio, que no quiero
   que sepas, hasta que, o hallándole
   me vengues, o, no pareciendo, sea 140
   el silencio de mi vida remedio de
   mi afrenta.    Dentro de este papel va
   la cédula que me dió de esposo;
   haz lo que della gustares; y, si
   culpas mi liviandad, reprehende 145
   tu descuido.
                     Doña Violante."
   ¡ Hay desdicha semejante !
   Luzón, ¿ qué es lo que he leído ?
   ¡ Sin honra doña Violante !
   Tras la hacienda que he perdido, 150
   la joya más importante
   pierdo también.    ¡ El honor
   que de mi padre heredé !
   ¡ El patrimonio mejor,
   que en Valencia espejo fué 155
   de la nobleza y valor !
   ¡ Por una mujer liviana !
   ¡ Por un juego en que, violento,
   un tahur la honra me gana !
   ¿ Este era el recogimiento 160
   y la virtud de mi hermana ?
   ¡ Mal haya quien confianza
   hace en el desasosiego
   de la femenil mudanza !
   ¡ Mal haya quien en el juego 165
   pone hacienda y esperanza !
   Que si en papeles pintados
   se funda todo su ser,
   livianos son sus cuidados
   y si es papel la mujer, 170
   llevando los más pesados
   el viento, que burlador
   mi fama deja ofendida,
   bien es que llore mi error
   mi hacienda al juego perdida, 175
   como al descuido mi honor.
LUZON:      ¿ De qué ha de servir ahora
   ponderar, como el perdido,
   lo que tarde siente y llora ?
   Sepamos dónde se ha ido 180
   mi poco cuerda señora,
   y sacarás de buscalla
   el saber más claramente
   quién fué el que vino a engañalla.
   Despertar quiero la gente. 185

Llamando

   ¡ Dionisia,Lucrecia !
VICENTE:                              Calla;
   no publiques, si eres sabio,
   la infamia de aqueste insulto;
   ten la lengua, cierra el labio;
   que, entre tanto que está oculto, 190
   no da deshonra el agravio.
   Mientras que la noche veda
   que saque el sol a poblado
   infamias que decir pueda,
   déjame vivir honrado 195
   este tiempo que me queda.
LUZON:      Pues,¿    qué hemos de hacer ?
VICENTE:                                      Advierte
   en lo que me ofrece agora
   la industria en la ocasión fuerte.
   Don Juan de Aragón adora 200
   a mi hermana, y es de suerte,
   que, aunque intenta en Zaragoza
   su padre don Luis casalle
   con una señora moza,
   noble, y barona del Valle, 205
   que con otros pueblos goza,
   tiene en tanto la belleza
   de doña Violante ingrata,
   que, sin mirar su pobreza,
   las otras bodas dilata, 210
   y a éstas su amor endereza.
   Toda la gente de casa,
   como tan público fué,
   saben lo que en esto pasa.
LUZON:      Y yo también, señor, sé 215
   que por tu hermana se abrasa.
VICENTE:      Oye, pues.    Tú has de quedarte
   aquí con un papel mío,
   que, en fe de que sé estimarte
   por fiel, de ti mi honor fío, 220
   como si en él fueras parte.
   Escribiré en él, Luzón,
   a doncellas y a criados,
   que de don Juan de Aragón
   los amorosos cuidados 225
   han llegado a ejecución
   de casarse con secreto
   con mi hermana en un castillo
   que tiene para este efeto
   prevenido, y que encubrillo 230
   importa, por el respeto
   que a su padre es bien tener;
   y que, en fe de esto, llegó
   esta noche, sin querer
   que sepan más de él y yo 235
   lo que determina hacer.
   Por lo cual, sin avisar
   a nadie, a la media noche,
   a las puertas del lugar
   nos esperó con un coche; 240
   y yo, para asegurar
   su alboroto y confusión,
   les escribo este papel.
   Fingirás admiración,
   y que ignorabas en él 245
   nuestra jornada a Aragón;
   dirásle que te mandé
   que nuestra vuelta esperases,
   y el gobierno te encargué
   de casa, y con que gastases 250
   en mi ausencia te dejé.
   También les escribiré esto.
   Iré a don Juan de Aragón;
   diréle que, porque ha puesto
   los ojos cierto barón 255
   valenciano y descompuesto
   en mi hermana, la he sacado
   de Valencia, y, por quitar
   la esperanza a su cuidado,
   he querido divulgar 260
   que en secreto se han casado
   los dos; y él, agradecido,
   mi engaño defenderá,
   y, con esto persuadido,
   en pie mi honor quedará, 265
   ignorado, aunque ofendido.
   Partiré luego a Castilla
   en busca de este tirano,
   que a sus pies mi honor humilla;
   y, si negase la mano 270
   a quien se atrevió a pedilla,
   vengándose mi esperanza,
   demostrará la experiencia
   lo que mi valor alcanza,
   y que a injurias de Valencia 275
   ofrece armas la venganza.
LUZON:      Bien me parece todo eso.
VICENTE:      Ven, y daréte el papel.
   ¡ Ay, Luzón, que estoy sin seso !
LUZON:      Tu hermana estaba sin él, 280
   y dió en tierra con su espejo.

Vanse.    Salen Don PEDRO de Mendoza y AGUDO, de camino

PEDRO:      ¿ Hay buenas camas ?
AGUDO:                              De Holanda
   prometen sábanas.
PEDRO:                              Bien.
AGUDO:      Colcha y rodapiés también
   de red, con su flueco y randa; 285
   dos almohadas que alistan
   lazos de azul y amarillo,
   debajo de un acerillo,
   y porque sus faldas vistan
   las manchas,de la pared, 290
   tres sábanas, aunque tiernas
   por viejas, distinguen piernas,
   ya de lienzo, ya de, red.
   Un cielo encima colgado,
   con fluecos del mismo modo, 295
   que, viéndole blanco todo
   dije, "el cielo está nublado,"
   y dos doseles, que son
   adorno del aposento;
   un prolijo paramento; 300
   pintada en él la Pasión
   y la historia de Susana,
   con los dos viejos y el baño;
   y, al otro lado del paño,
   un San Joaquín y Santa Ana, 305
   y un ángel sobre la puerta
   que con las alas los junta;
   al otro un sayón que apunta
   a un San Sebastián que acierta;
   luego un San Antón muy viejo 310
   con su vestido de estera,
   y debajo la escalera;
   junto de él, un San Alejo.
   Remátase la labor
   con la espigadera Rud, 315
   cual le dé Dios la salud
   al bellaco del pintor.
PEDRO:      Con eso vive contenta
   aquesta gente sencilla.
   No es Arganda mala villa. 320
AGUDO:      Tiene un soto que sustenta
   con su caza y entretiene
   a sus vecinos y dueños.
   Corren toros jarameños,
   que a gozar la corte viene 325
   por pasar por él Jarama,
   de quien sus vecinos beben
   las fuerzas con que se atreven;
   que son bravos de la fama.
PEDRO:      ¿ Está la maleta arriba ? 330
AGUDO:      Dando abrazos al cojín.
PEDRO:      ¡ Que hoy hemos de entrar, en fin,
   en Madrid !
AGUDO:                      El te reciba
   con buen pie; que es menester
   confesar y comulgar, 335
   como quien se va a embarcar,
   quien su golfo quiere ver.
PEDRO:      ¿ Golfo ?
AGUDO:                    Y no de muchas leguas.
PEDRO:      Bien dices, si a Madrid llamas
   manso golfo de las damas. 340
AGUDO:      Antes golfo de las yeguas.
   ¡ Qué mal su rumbo conoces !
   ¿ Más que te han de marear
   la bolsa luego al entrar,
   si tiran sus olas coces ? 345
PEDRO:      ¿ Por qué, si a casarme voy ?
AGUDO:      Tu nombre lo ha declarado.
   ¿ De mando a mareado,
   qué va ?
PEDRO:                    Satisfecho estoy
   de que en doña Serafina 350
   no hay recelo que me asombre,
   porque, del modo que el nombre,
   tiene la fama divina.
AGUDO:      Serafín bien puede ser;
   mas no creo en serafines, 355
   que por andar en chapines,
   son fáciles de caer.
   Y serafines caídos
   ya tú ves que son demoniios.
PEDRO:      Como aqiuesos testimonios 360
   les levantan atrevidos.
AGUDO:      ¿ Hasla visto ?
PEDRO:                          ¿ Cómo puedo,
   si ha un mes que desembarqué
   de Sanlúcar y llegué
   de Méjico ?
AGUDO:                    ¿ Y sin más miedo 365
   te vas a casar con ella,
   sus virtudes canonizas,
   su hermosura solemnizas,
   y te enamoras sin vella ?
PEDRO:      Escribió su padre al mío 370
   sobre aqueste casamiento;
   que no pudo el elemento
   del mar enfadoso y frío
   anegar correspondencias
   de su pasada amistad, 375
   pues las que la mocedad
   funda, vencen las ausencias.
   Informóse de su estado,
   que, por ser tan conocido,
   mil testigos ha tenido, 380
   que a las Indias han pasado;
   de su hacienda, que es copiosa;
   de la edad, virtud y fama
   que en Madrid tiene mi dama;
   supo que era virtüosa 385
   como bella, y, en belleza
   la misma exageración
   celebrada en opinión,
   apetecible en riqueza,
   moza, apacible, discreta, 390
   y un sujeto digno, en fin,
   de tan bello serafín.
AGUDO:      ¿ Pintótela algún poeta ?
PEDRO:      No sino la fuerza mucha
   de la verdad, que, pasada 395
   por agua, es más estimada,
   porque allá, tarde se escucha.
AGUDO:      ¿ Y lo crees como evidencia ?
PEDRO:      Conozco con claridad
   en la ausencia la verdad, 400
   la lisonja en la presencia.
   No son los hombres de ahora
   de tan sanas intenciones,
   que, en vez de murmuraciones,
   se hagan lenguas cada hora 405
   en alabar excelencias
   de quien no interesan nada,
   pues aun de la más honrada,
   sacan falsas consecuencias.
   Fama, Agudo, que ha llegado 410
   limpia a Méjico, y a prueba
   de las lenguas, ¡ cosa nueva !
AGUDO:      Y más donde es tan usado
   el murmurar, que sin ciencia
   colige toda criatura, 415
   "¿ Indiano ?    Luego murmura."
   Bien vale la consecuencia.
PEDRO:      Partí a Cuenca desde el Puerto
   en busca de un tío anciano,
   rico y de mi padre hermano; 420
   había un año que era muerto;
   y, sin dar me a conocer
   a deudos impertinentes
   --que, a título de parientes,
   salteadores suelen ser 425
   de la perseguida plata,
   más segura de escapar
   de los peligros del mar,
   que de un pariente pirata,--
   voy a Madrid, donde espero 430
   ver si se iguala en mi dama
   la presencia con la fama.
AGUDO:      Cenaremos, lo primero,
   y dormiremos un rato.
PEDRO:      Cenar sí, mas dormir no. 435
AGUDO:      El reloj las doce dió.
PEDRO:      Ponerme a caballo trato,
   con el bocado en la boca.
   ¿ Qué tenemos que cenar ?
AGUDO:      Puesto está un conejo a asar, 440
   y una perdiz, a quien coca
   una bota yepesina
   mezclada con hipocrás,
   y muerta por darnos paz.
PEDRO:      ¿ No hay más ?
AGUDO:                        Hay una gallina 445
   fiambre, y medio pernil
   mercader, que trata en lonjas,
   --¡ y qué tales !--como esponjas
   de Baco.    Hay medio barril
   de aceitunas vagamundas; 450
   que las de oficio se van
   de Córdoba a cordobán;
   y si en postres asegundas,
   en conserva hay piña indiana,
   y en tres o cuatro pipotes, 455
   mameyes, zipizapotes;
   y si de la castellana
   gustas, hay melocotón
   y perada; y al fin saco
   un tubano de tabacoo 460
   para echar la bendición.
PEDRO:      Mira si hay en la posada
   algún noble forastero,
   que, en mi mesa compañero,
   nos haga menos pesada 465
   la cena.
AGUDO:                      Nadie ha venido.
PEDRO:      Sin compañía, ya sabes
   que son tasajos las aves
   para mí.
AGUDO:                    Escucha, rüido
   de cabalgaduras siento, 470
   que entran.

Salen CORNEJO, el HUESPED, y GABRIEL hablando desde dentro

CORNEJO:                      Loado sea Dios,
   ¿ hay posada para dos,
   seó huésped ?
HUESPED:                      Y para ciento.
GABRIEL:      Alto pues; ten de ese estribo.

Salen GABRIEL, CORNEJO y el HUESPED

GABRIEL:      ¿ Qué hora es ?
AGUDO:                        Las doce han dado. 475
PEDRO:      Seáis, señor, bien llegado.
CORNEJO::      Venga un harnero y un cribo,
   y en ellos paja y cebada.
GABRIEL:      Dios guarde a vuesa merced.
   Esa maleta meted 480
   donde no nos pongan nada.
CORNEJO:      Huésped, venga un aposento.
PEDRO:      En el nuestro puede estar,
   que luego hemos de picar,
   y recebiré contento 485
   que favorezcáis mi mesa;
   que, aunque la cena se enfría,
   aguardaba compañía.
GABRIEL:      Liberalidad es ésa
   digna de vuestra presencia. 490
PEDRO:      Pon a asar otro conejo
   y perdiz.
GABRIEL:                    Saca, Cornejo,
   ese capón.

Vanse CORNEJO, AGUDO y el HUESPED

PEDRO:                    De Valencia,
   conquista antigua del Cid,
   vendréis.
GABRIEL:                    Antes determino 495
   hacer allá mi camino.
PEDRO:      ¿ Pues salistes de Madrid ?
GABRIEL:      Para serviros.
PEDRO:                          ¿ A qué hora ?
GABRIEL:      A las diez.
PEDRO:                    ¡ Buen caminar !
   Traeréis de allá que contar 500
   mil nuevas.
GABRIEL:                    Haylas cada hora;
   pero dejando en secreto
   sucesos que por mayor
   no contarlos es mejor,
   porque a sus dueños respeto, 505
   por buenas nuevas os doy
   que el rey ha convalecido.
PEDRO:      Gracias a Dios !
GABRIEL:                          Y ha salido
   a Atocha en público hoy.
PEDRO:      Habrá la corte con eso 510
   vuelto en sí; que me contaban
   que en ella todos andaban
   sin color, sin gusto y seso.
GABRIEL:      Mi palabra os doy, que ha sido
   la mayor demostración 515
   de lealtad y de afición
   que en historias he leído.
   No sé yo que se haya hecho
   sentimiento general,
   con tal muestra y llanto tal, 520
   por ningún rey.
PEDRO:                        Muestra el pecho
   el reino que a tal rey debe,
   que en él goza un siglo de oro.
   Sin conocerle, le adoro.
GABRIEL:      ¿ Queréis más, si es que eso os mueve 525
   que todo el tiempo que ha estado
   en contingencia su vida,
   hasta la gente perdida
   dicen que se había olvidado
   de ejecutar la ganancia 530
   de su trato deshonesto ?
PEDRO:      Echó el sentimiento el resto,
   y conoció la importancia
   de la vida de tal rey,
   cuya mansedumbre extraña 535
   es causa que goce España
   su hacienda, su paz, su ley,
   sin contrastes ni temores.
GABRIEL:      Cosa estraña, que en veinte años
   que reina, ni hambres, ni daños, 540
   pestes, guerras, ni rigores
   del cielo hayan afligido
   este reino !
PEDRO:                      Antes por él
   mana España leche y miel.
   De promisión tierra ha sido. 545
GABRIEL:      No le viene el nombre mal,
   pues que en su tiempo ha alcanzado
   Castilla el haber comprado
   la hanega de trigo a real,
   y el dar la cosecha a medias 550
   del vino, a quien a ayudar
   se atreviera a vendimiar.
PEDRO:      ¿ Qué hay,en Madrid de comedias ?
GABRIEL:      Todo lo ha desazonado
   la salud del rey en duda; 555
   no hay quien con gusto a ella acuda.
   La corte había alborotado
   con el Asombro Pinedo
   de la limpia Concepción;
   y fuera la devoción 560
   del nombre, afirmaros puedo
   que en este género llega
   a ser la prima.
PEDRO:                        ¿ Y de quién ?
GABRIEL:      De Lope; que no están bien
   tales musas sin tal Vega. 565
PEDRO:      Por mi opinión argüís.

Sale CORNEJO

CORNEJO:      Si es que habemos de picar,
   ¿ qué aguardas ?    Alto, a cenar.
GABRIEL:      ¿ De dónde, señor, venís ?
PEDRO:      De Cuenca inmediatamente, 570
   y de las Indias después.
GABRIEL:      ¿ Mucha plata ?
PEDRO:                        El interés,
   como siempre está en creciente,
   todo lo juzga menguante.
   Venid; que, mientras cenemos, 575
   muchas cosas trataremos.
GABRIEL:      Id, que yo os sigo al instante.

Vase Don PEDRO

GABRIEL:      ¿ Adónde, Cornejo, has puesto
   nuestro hato ?
CORNEJO:                        En esta sala
   donde cenáis, que no es mala, 580
   pues éstos se van tan presto.
   Junto a su maleta está
   la nuestra.
GABRIEL:                    Ya te he advertido
   que no digas que he venido
   de Valencia...
CORNEJO:                        Acaba ya. 585
GABRIEL:      Ni que don Gabriel me llamo
   de Herrera.
CORNEJO:                      Pues que yo dejo
   el Beltrán por el Cornejo,
   no diré el nombre de mi amo.
GABRIEL:      Don Pedro soy de Mendoza, 590
   Cornejo, de aquí adelante.
CORNEJO:      ¡ Cuál estará la Violante !
GABRIEL:      Anda ahora.
CORNEJO:                      ¡ Pobre moza !

Vanse. Sale doña VIOLANTE, de labradora AGUADO, criado

VIOLANTE:      No hallo disfraz mejor
   para remediar mi ultraje, 595
   Aguado, que el labrador.
AGUADO:      Y estáte tan bien el traje,
   que por ti lo será amor.
VIOLANTe:      Si mi don Pedro tirano,
   como sospecho, ha venido 600
   a la corte, y como es llano,
   viendo su honor ofendido,
   ha de seguirle mi hermano,
   ¿ cómo podré andar segura
   entre los dos, sino ansí ? 605
AGUADO:      ¿ Qué es, pues, lo que hacer procura
   tu ingenio ?
VIOLANTE:                      Mudar en mí
   con el traje la ventura.
   Buscar el alma robada
   que se va tras el honor; 610
   dar, ya que estoy deshonrada,
   diligencias a mi amor,
   o a mis agravios espada.
   En Madrid hay tribunales
   para todos, y también 615
   han de hallarle en él mis males;
   a extranjeros trata bien,
   si mal a sus naturales.
   Yo espero en Dios que ha de ser
   madre Madrid de mi honor. 620
AGUADO:      Industriosa es la mujer,
   el amor, enredador,
   y los dos sabréis hacer
   engaños con que salir
   de don Pedro vencedores. 625
   ¿ Amasle ?
VIOLANTE:                        Como el vivir.
AGUADO:      Arbol que ha dado las flores,
   nunca supo resistir
   el fruto a quien las cogió.
VIOLANTE:      Como él en Madrid esté, 630
   de mi ingenio espero yo
   que fin dichoso me dé,
   si mal principio me dió.
AGUADO:      El que hoy habemos tenido,
   no le promete muy malo, 635
   pues al fin te ha recibido
   el labrador, que señalo
   por dueño tuyo.
VIOLANTE:                        Hemos sido
   dichosos en eso. En fin,
   soy villana de Vallecas. 640
AGUADO:      Por el sayuelo y botín
   el oro y la seda truecas
   de la ropa y faldellín.
   Lindamente le engañé.
VIOLANTE:      No oí lo que le dijiste; 645
   que de industria me aparté.
AGUADO:      Discreta en todo anduviste.
   Díjele que te saqué,
   siendo un hombre principal
   y mayorazgo de Ocaña, 650
   de tu casa y natural,
   porque tu hermosura extraña,
   ennobleciendo el sayal
   que de tu sangre heredaste,
   me obligó a que te ofreciese 655
   el sí de esposo, y que al traste
   con obligaciones diese
   que a mi nobleza usurpaste;
   y mis padres y parientes,
   contradiciendo mi amor, 660
   coléricos e impacientes
   que la hija de un labrador
   agravie a sus descendientes,
   procuraban darte muerte;
   y yo, como quien te adora, 665
   te truje aquí de la suerte
   que se vio; y pretendo agora
   de su furor esconderte.
   Que te reciba en su casa,
   como que a servirle has ido, 670
   mientras este rigor pasa;
   y, siendo yo tu marido,
   venzamos la suerte escasa.
   Hele dado unos escudos,
   y ofertas para después, 675
   que, debajo de cien nudos,
   la cárcel del interés
   los tiene presos y mudos.
   En fin, el buen Blas Serrano
   dice que, con el secreto 680
   que pide el caso, está llano
   por mí a tenerte respeto;
   mas porque el vulgo villano
   no malicie esta quimera,
   que le sirves fingirás, 685
   tal vez siendo lavandera,
   y tal, si a la corte vas,
   trasformada en panadera.
VIOLANTE:      Todo eso viene a medida
   de lo que yo he menester. 690
   ¡ En fin, mudando de vida,
   en Madrid he de vender pan !
AGUADO:      Si tu amor a él convida,
   no se le darás a secas,
   pues con tu vista a quien te ama 695
   come gustos que en sí truecas.
VIOLANTE:      ¡ A fe que ha de dejar fama
   la villana de Vallecas !
   Pero tú, ¿ dónde has de estar ?
   Que en Madrid es peligroso, 700
   si en él te viniese a hallar
   mi hermano.
AGUADO:                    El que es cuidadoso,
   se sabe en Madrid guardar;
   pero en Alcalá de Henares,
   sin ese miedo estaré. 705
VIOLANTE:      Con todo, es bien repares,
   no pase por él.
AGUADO:                          Sí haré.
VIOLANTE:      Y, cuando a verme llegares,
   sea sin que nota des
   a esta gente maliciosa. 710
AGUADO:      Entre tanto que aquí estés,
   cada semana es forzosa
   tu vista tres veces.
VIOLANTE:                              ¿ Tres ?
AGUADO:      Y aun es poco.    Pero aguarda.
   ¿ Qué gente es ésta ?
VIOLANTE:                              No sé. 715
   Cualquier sombra me acobarda.
   ¿ Que es mi hermano ?
AGUADO:                              No hay de qué
   temer; que el sayal te guarda.

Salen PEDRO y AGUDO

PEDRO:      ¡ Que no te dé mil estocadas, perro,
   traidor !    ¡ Que no te quite yo la vida ! 720
AGUDO:      ¡ Déme favor, hidalgo !
PEDRO:                                Será yerro
   que ninguno por ti perdón me pida.
AGUDO:      Las maletas troqué, señor, por yerro;
   era de noche, y mucha la bebida.
   Madrugaras tú menos.
PEDRO:                              ¿ Qué esto escucho ? 725
   ¡ Vive Dios !
AGUADO:                      Deteneos.
AGUDO:                                Pues, ¿ fué mucho... ?
PEDRO:      Quitaos delante, bella labradora.
   Caballero, dejadme que le corte
   las piernas.
AGUDO:                      ¡ Válgame nuestra Señora
   de Atocha !
VIOLANTE:                      Vuestro enojo se reporte. 730
PEDRO:      ¿ Qué tengo yo de hacer, bárbaro, agora ?
   ¿ Con qué despachos entraré en la corte ?
   ¿ Cómo creerá don Juan que estoy don Pedro ?
AGUDO:      ¡ Bien por servirte desde niño medro !
VIOLANTE:      ¿ No sabremos la culpa que ha tenido 735
   este pobre criado ?
PEDRO:                              A Dios plugiera
   que nunca yo le hubiera conocido,
   o que al tomar la barra se muriera.
   ¿ A quién tal desventura ha sucedido ?
   Cuando en Madrid mi serafín me espera 740
   para darme de esposa el sí y la mano,
   ¿ con qué testigos me creerá su hermano ?
   ¿ Cómo podré afirmar que de don Diego
   de Mendoza soy hijo, y que ha pasado
   mil leguas de agua el amoroso fuego, 745
   que desde Arganda aquí lloro apagado ?
   Los despachos, las joyas, con el pliego
   en que mi amor venía confiado
   del virrey y mi padre, por ti pierdo;
   pues no te doy la muerte, no soy cuerdo. 750
   Torna tras ese hombre, traidor; anda.
   Sube en mi macho; alcánzale, si puedes.
AGUDO:      El mozo fué tras él; la furia ablanda.
   No hayas temor que sin maleta quedes.
   A las dos se acostó el otro en Arganda, 755
   y, entre cortinas que enmarañan redes,
   dormideras de Yepes y lo asado,
   le mandarán volverse al otro lado.
   Esta es la hora que, deshecho el trueco,
   vuelve en mi mula aquí, donde le dije 760
   que le aguardabas.    Lo que a escuras peco,
   perdona al sol, o nuevo mozo elige.
   Si te ofendiera yo, el cerebro seco,
   y el vino y sueño que a un monarca aflige
   no humedecieran mis sentidos y ojos, 765
   tuvieran causa justa tus enojos.
VIOLANTE:      Si bastan a obligáros, caballeros,
   ruegos de una mujer y de un hidalgo,
   y aquí por fuerza habéis de deteneros,
   porque ocupéis aqueste tiempo en algo, 770
   contadnos la ocasión de entristeceros.
PEDRO:      ¿ Cómo podré, cuando de seso salgo ?
   Mas siempre, o perdidoso o ofendido,
   uso ser con mujeres comedido.
   Criollo soy de Méjico, que es nombre 775
   que dan las Indias al que en ellas nace;
   a su virrey serví de gentilhombre,
   que a bien nacidos honra y satisface;
   la hacienda heredo a un padre y el renombre
   de quien España tanto caudal hace 780
   por los linajes que en sus reinos goza,
   y llámome don Pedro de Mendoza.
VIOLANTE:      (¡ Ay cielos ! Este ¿ no es el apellido      Aparte
   del ingrato que busco disfrazada ?)
PEDRO:      Mi padre, desde España persuadido 785
   por un amigo que en la edad pasada
   tuvo en Madrid y no borró el olvido,
   siendo estafetas una y otra armada,
   de una hija que tiene, determina
   hacerMe esposo, en nombre Serafina. 790
   Tres meses ha que en un navío de aviso
   le escribió que en la flota venidera
   me embarcaría, y, para aviarme quiso
   que en barras treinta mil pesos trujera;
   mas como el mar sepulta de improviso 795
   toda una armada, si se enoja, entera,
   no se atrevió a fiar tanto tesoro
   de este Midas que traga plata y oro.
   Así en correspondientes de Sevilla
   y de la corte cédulas librando, 800
   de Sanlúcar pisé la antigua orilla,
   barras su barra célebre surcando.
   No quisieron deseos de Castilla
   detenerse en Sevilla registrando
   de su contratación tantos haberes, 805
   no hablar sus codiciosos mercaderes;
   antes, por ver que entonces ocupados
   andaban en registros y cobranzas,
   para otro tiempo dilaté cuidados,
   trayéndome conmigo las libranzas. 810
   Con dos mulas en fin y tres criados,
   cargado de papeles y esperanzas
   llegué de Cuenca a la famosa sierra,
   antigua patria de mi padre y tierra.
   Tenía en ella un tío que hallé muerto, 815
   y, sin hablar a deudos codiciosos,
   guié a la corte, que es general puerto
   del mundo, con bajíos peligrosos;
   y anoche, cuando ya juzgué por cierto
   el fin de mis viajes enfadosos, 820
   como mi amor prosigue en su demanda
   por ser de noche, me quedé en Arganda.
   Aguardaba mi cena a un compañero
   conversable; que a solas nunca trato
   dar al cuerpo sustento; que es grosero 825
   cualquier manjar sin el discreto trato.
   A la conversación llamó salero
   del alma un sabio; y como cualquier plato
   sin sal jamás está bien sazonado,
   la mesa así también sin convidado. 830
   Mi deseo cumplió--que no debiera--
   un forastero que tomó posada
   en mi propio mesón.    ¡ Nunca a él viniera !
   Recebíle cortés, y, aderezada
   la cena, convidéle a que subiera 835
   a mi aposento, y porque mi jornada
   a la corte sería de allí a un rato,
   mandé al mozo que en él pusiese su hato.
   Juntamos cenas, supe su camino,
   tratamos varias cosas en la mesa, 840
   y el fin apenas con el postre vino,
   cuando, dándome amor y el tiempo priesa,
   mandé ensillar; y el sueño o desatino
   de éste, que de mi dicha y bien le pesa,
   trocando las maletas y cojines, 845
   a dichosos principios dió estos fines.
   En conclusión, dejándose la mía
   en la posada, la del forastero
   me puso en el arzón.    Descubrió el día
   aqueste engaño, y no será el postrero. 850
   ¡ Considerad vosotros lo que haría
   quien, fuera de las joyas y dinero,
   que deben de valer cinco mil pesos,
   pierde cartas, libranzas y procesos !
   De veinte mil ducados, y más, pasa 855
   la cantidad que en cédulas me lleva;
   mirad sin ella, cuando amor me abrasa,
   cómo es posible que en Madrid me atreva
   a pretender esposa, ni en su casa
   ose entrar, si me faltan para prueba 860
   de que don Pedro soy cartas de abono.
   ¡ Que la vida, villano, te perdono !
VIOLANTE:      Prométoos que es desgracia nunca oída
   Mas, supuesto que el mozo fué por ella,
   antes que el otro empiece su partida, 865
   el trueco deshará, y no habrá querella.
AGUDO:      La oscuridad, y el ser tan parecida
   con la del otro, me obligó a ponella,
   por darme prisa tú, sobre tu macho.
PEDRO:      Mejor dijeras por estar borracho. 870

Sale MATEO, mozo de mulas, con un cojín

MATEO:      ¡ Válgate el diablo por hombre !
   Por arte de encantamento
   debió de llevarle el viento
   sin dejar rastro ni nombre.
PEDRO:      ¿ Qué hay, Mateo ?
MATEO:                                Par Dios, nada. 875
PEDRO:      ¿ No parece ?
MATEO:                        No, señor.
PEDRO:      ¿ Qué dices de esto, traidor ?
MATEO:                 Cuando llegué a la posada,
   ya él estaba en cas de Judas.
   Ni aun memoria de él no hallo. 880
   Al instante que a caballo
   te pusiste, apenas mudas
   el paso, cuando picó,
   y, sin saberse por donde.
   0 es demonio que se esconde, 885
   o la tierra le sorbió.
PEDRO:      A Valencia dijo que iba.
   Pues debióte de mentir;
   que un pastor le vió salir,
   y, en vez de echar hacia arriba, 890
   tomando a la mano izquierda,
   dijo que fué hacia Alcalá.
   Seguíle; mas nadie da
   señas de él.
PEDRO:                          ¡ Que por ti pierda
   mi hacienda, infame, y mi ser ! 895
MATEO:      Como ninguno me daba
   serías de cuantos topaba,
   tuve por mejor volver
   acá, que, siendo virote
   perderme también.
PEDRO:                              ¡ Yo he sido 900
   .................... -ido]
   harto dichoso !
MATEO:                                Engañóte.
VIOLANTE:      (Su pérdida cada cual                Aparte
   siente, vengativo amor;
   yo lloro la de mi honor, 905
   y éste la de su caudal.)
MATEO:      Mira qué habremos de hacer
   de este cojín y maleta.
PEDRO:      ¡ Abrasarlos !
MATEO:                          No es discreta
   sentencia, a mi parecer, 910
   la que das.
PEDRO:                            ¿ Qué he de hacer, pues ?
MATEO:      Mejor será que la abremos,
   y, por lo que trae, sepamos
   dónde camina o quién es
   este demonio escondido; 915
   que quizá en ella vendrán
   prendas que pregón serán
   echado tras el perdido.
   El candado tengo roto.

Abrele

   ¿ Sacaré ?
PEDRO:                      Haz lo que quisieres. 920
MATEO:      Papeles hay. Si lo vieres,
   por ellos, como piloto,
   haremos nuestro camino.

Va sacando

   Un retrato, ¡ vive el cielo !,
   he topado.
PEDRO:                        Buen consuelo ! 925
MATEO:      Y a fe que el rostro es divino
   de la dama !
PEDRO:                            Arrojalé
   con la maldición.
VIOLANTE:                              ¿ Al suelo
   echa la imagen ?

Alza doña VIOLANTE el retrato, y conócele. Hablan AGUADA y doña VIOLANTE aparte

                       ¡ Ay cielo !
   ¿ Qué he visto ?
AGUADO:                            Paso. 930
VIOLANTE:      ¡ Ay, Aguado ! mi retrato.
AGUADO:      ¡ Válgame Dios !    Ya concluyo
   que es don Pedro el dueño suyo;
   pero impórtate el recato.
   Disimula, que ya creo 935
   que en Madrid tu esposo está.

Doña VIOLANTE habla disimulando

VIOLANTE:      La Magdalena será;
   que así en la igreja la veo
   con su copete y gorguera;
   el bote sólo le marra 940
AGUADO:      ¿ Pues bésasla ?
VIOLANTE:                            Está bizarra.
   Pondréla a mi cabecera.
MATEO:      Un legajo de papeles
   es éste.
PEDRO:                        Desatalós.
AGUDO:                 Versos son éstos, por Dios. 945
PEDRO:      ¿ Hay sucesos más crüeles ?
   ¡ Para quien mi rabia ve,
   es bien que versos me cante !

Lee

AGUDO:      "Soneto a Doña Violante,
   la noche que la gocé." 950
AGUADO:      No se descuidó el poeta.
VIOLANTE:      Si la pobre está gozada,
   no es Violante, mas violada.
   Echadme acá esa soneta,
   pondréla por rocadero, 955
   y enseñarémosla a hilar;
   mas no, que, siendo cantar,
   mejor es para el pandero.

Leyendo otro papel

AGUDO:      "Memoria de cien ducados
   que he de pagar en Madrid 960
   a Andrés de Valladolid,
   por otros tantos prestados
   aquí en Amberes."
MATEO:                                ¡ Por Dios
   que son buenas hipotecas
   de las maletas que truecas ! 965
PEDRO:      Como haya otras tres, o dos
   de estas ditas ¡ bien desquito
   veinte mil y más ducados !
MATEO:      Estos son pliegos cerrados.
PEDRO:      Mira pues el sobrescrito. 970
AGUDO:      Este dice, "Al presidente
   de Italia;" y éste, "Al Marqués
   de San German;" éste es
   "A Mosén Romen, regente
   del consejo de Aragón." 975
PEDRO:      A Madrid va, según esto,
   el que en tal trance me ha puesto.
MATEO:                 ¿ Quién duda ?
PEDRO:                          ¿ Por qué ocasión
   me dijo que iba a Valencia ?
AGUDO:      Quizá por entrar secreto; 980
   que hay mil lances, en efeto,
   en que importa la prudencia.
PEDRO:      El, según lo que parece,
   viene a España desde Flandes,
   y trae pretensiones grandes; 985
   o, como a otros acaece,
   algo allá le ha sucedido;
   tuvo al peligro temor,
   buscó cartas de favor,
   y a la corte viene hüido. 990
AGUDO:      La Violante del soneto
   debe de ser la ocasión
   de que huya.
PEDRO:                          Tenéis razón;
   por eso vendrá secreto.
   No he perdido la esperanza, 995
   supuesto que a Madrid va,
   de encontrar con él allá.
VIOLANTE:      (Ni mi amor de su venganza.)      Aparte
PEDRO:      Abre alguna de esas cartas,
   supuesto que traen cubierta, 1000
   tendremos noticia cierta
   de su nombre, pues hay hartas.
AGUDO:      Dios te la depare buena.
   Abre un pliego, y léele.
   Esta del Regente abrí. 1005
PEDRO:      ¿ Cómo dice ?
AGUDO:                        Dice así...
MATEO:      ¡ Válgate el diablo por cena !

Lee

AGUDO:      "El capitán Don Gabriel de Herrera,
   en diez años que ha que sirve a su
   Majestad en Flandes, ha sido 1010
   mi camarada y amigo; sus hazañas
   y servicios son muchos, como mostrarán
   los papeles que lleva.    Sucedióle,
   sobre palabras que en el cuerpo de
   guardia tuvo con un capitán tudesco, 1015
   darle de estocadas; por ser el
   delito en tal lugar y con tal persona,
   le es forzoso huir al amparo de V.S.,
   en quien, así para aumento de sus
   pretensiones, como el perdón de 1020
   Majestad, tengo esperanzas hallará
   por mi respeto todo amparo. --Guarde
   Dios a V.S. con la prosperidad que
   los interesados hemos menester.
   --Amberes marzo 25, 1620. 1025
   Su sobrino de V.S., el maese de campo,
                 Don Martín Romen."
   ¡ Miren si lo dije yo !
PEDRO:      El mostraba en su persona
   el valor con que le abona
   la carta, aunque me mintió 1030
   en el viaje que hacía.
AGUDO:      Su peligro considera.
PEDRO:      En fin, don Gabriel de Herrera
   se llama.
VIOLANTE:                      (Desdicha mía,                Aparte
   ¿ qué escucháis ?    El que destroza 1035
   ingrato mi honor y fama,
   aquí don Gabriel se llama,
   y don Pedro de Mendoza
   allá.    Si los nombres truecas,
   traidor, vengará constante 1040
   quejas de doña Violante
   la villana de Vallecas.)
PEDRO:      ¿ Qué tiene más la maleta ?
MATEO:      Ropa blanca es la que hay,
   toda de holanda y cambray, 1045
   con puntas y cadeneta;
   ligas y media de seda
   hay de colores diversos,
   guantes, y prosas y versos;
   de papeles, sólo queda 1050
   un librillo de memoria
   aquí dentro.
PEDRO:                          Sacalé;
   que mejor por él sabré
   sucesos de aquesta historia;
   y, sin detenernos más, 1055
   a caballo nos pongamos;
   que, si en Madrid le buscamos,
   no se esconderá.
AGUDO:                            Podrás,
   para encontralle más presto,
   ir a casa del Regente, 1060
   del Marqués y el Presidente.
PEDRO:      Pon bien eso.
MATEO:                            Ya lo he puesto.
PEDRO:      Ya voy consolado en algo.
AGUADO:      También lo vamos los dos.
PEDRO:      Labradora hermosa, adiós. 1065
   Daca el macho. --Adiós, hidalgo.

Vanse los tres

VIOLANTE:      ¿ Qué juzgas de aquesto, Aguado ?
   ¿ Qué te parece ?
AGUADO:                            No sé,
   señora, si afirmaré
   que es de veras o soñado; 1070
   sólo digo que has tenido
   en algún modo ventura,
   pues lo visto te asegura
   quién es el que te ha ofendido,
   y que está en la corte.
VIOLANTE:                                      ¡ Ay cielos ! 1075
   ¿ Don Gabriel de Herrera es
   el que ha postrado a sus pies
   mi honor ? ¿ El que a mis desvelos
   da tanta causa ? ¿ El que en Flandes,
   dando muerte a un capitán, 1080
   mató mi honor ?
AGUADO:                            Cerca están
   de Madrid las torres grandes
   y casas, pues que no dista
   más de una legua de aquí.
   Yendo disfrazada así, 1085
   gozarás presto su vista,
   mientras que Madrid te goza
   en traje de panadera.
VIOLANTE:      ¿ Que en fin don Gabriel de Herrera
   es don Pedro de Mendoza ? 1090
AGUADO:      Mudan desgracias los nombres;
   cuando sus peligros dudan.
VIOLANTE:      Mejor dirás que se mudan
   las palabras de los hombres.
AGUADO:      Acá sale nuestro viejo, 1095
   o, por mejor decir, tu amo.
   ¿ En fin, tu esposo me llamo ?
VIOLANTE:      Sí.
AGUADO:      ¿ Y el nombre ?
VIOLANTE:                              Don Alejo.

Sale BLAS Serrano, labrador viejo

BLAS:      Pues, Teresa, ¿ no es ya hora 1100
   de her algo en casa ? ¿ Hasta cuándo
   los dos heis de estar parlando ?
   La malicia labradora,
   si muchas veces os ve
   que con él os arrulláis, 1105
   levantarnos que rabiáis.
AGUADO:      Presto, Blas, me partiré.
   Si es que bien habéis querido,
   no espanten dilaciones.
BLAS:      Ya yo sé lo que en razones 1110
   gasta el Amor que es cumplido.
   También me dió su picón
   Amor en la edad pasada,
   y, muerto por su ensalada,
   me cupo mi sopetón. 1115
   No me espanta nada de eso,
   que por todo el hombre pasa;
   pero tengo un hijo en casa
   que a Madrid hué a vender yeso,
   y, desde que vió a Teresa, 1120
   con ser desde anoche acá,
   emberrinchándose va,
   y que os halle aquí me pesa;
   que anda el diabro revestido
   en él.
AGUADO:                    ¿ Luego no está aquí 1125
   segura mi esposa ?
BLAS:                                Sí.
VIOLANTE:      Yo me guardaré, marido.
BLAS:      Pues ella, señor, se guarda,
   nadie la podrá ofender;
   que no es buena la mujer 1130
   que sufre por fuerza albarda.
   Ríome yo de que digan
   que ha habido mujer forzada
   desde Elena, la robada.
AGUADO:      A mil las leyes castigan 1135
   cada día.
BLAS:                        Es papasal.
   Créalo quien lo creyere.
   Par Dios, que, si uno no quiere,
   que dos que barajan mal.
   La reina doña Isabel 1140
   dejó este ejempro probado
   con la del puño cerrado,
   y yo, señor, me atengo a él.
AGUADO:      (No ha estado el discurso malo.) Aparte
BLAS:      Digo, pues, que importa poco 1145
   que Antón por vos esté loco;
   pues, con darle con un palo,
   si vos no queréis, Teresa,
   poco daño os hará en casa;
   que el panadero no amasa, 1150
   cuando no quiere el artesa.
AGUADO:      Ahora bien, Blas, yo me parto;
   mi Teresa os encomiendo.
   Dinero os iré trayendo
   cada día.
BLAS:                        Acá deja harto; 1155
   pero no se le dé nada;
   que sarnosos y avarientos
   nunca diz que están contentos.
AGUADO:      Adiós pues, esposa amada;
   Blas Serrano, adiós.
BLAS:                                      Adiós. 1160

Vase AGUADO

BLAS:      ¿ Qué habemos de hacer agora ?
VIOLANTE:      Si hay pan cocido, a buen hora
   iré a Madrid.
BLAS:                            ¿ Sabéis vos
   venderlo ?
VIOLANTE:                        ¿ Pues soy yo zurda ?
BLAS:      Los cortesanos, si os ven, 1165
   temo que fayanca os den.
VIOLANTE:      No haya miedo que me aturda.
   Con un palo y con un arre,
   y un jo que te estriego, suelo
   dar con un hombre en el suelo. 1170
BLAS:      ¡ El dimuño que os agarre !
   El pan de Vallecas es
   por branco y bien sazonado,
   en Madrid más estimado.
VIOLANTE:      Si es que vais al interés, 1175
   decidme cómo es la tasa,
   y dejadme el cargo a mí.
BLAS:      A veintidós vale.
VIOLANTE:                              ¡ Ah, sí !
   Y si de eso el precio pasa,
   y os traigo a real, ¿ qué diréis ? 1180
BLAS:      Que Teresa es mi ventura;
   pero si pan y hermosura,
   Teresa, en Madrid vendéis,
   como no es el pan a secas,
   no hay precio, ni aun para porte. 1185
VIOLANTE:      Yo haré que admire a la corte
   la villana de Vallecas.